2- La comedia de la carne de Carlos Pardo
¡Buenos días, feliz lunes y mejor semana!
Queridas gentes que os habéis animado a empezar o continuar esta aventura poética del Club de lectura ATRAPAVERSOS,
¡BIENVENIDAS!
Seguimos con el poemario de Carlos Pardo «La comedia de la carne»
Prometí hablaros de él, y esto es una breve nota sacada de la web.
Carlos Pardo nació en Madrid en 1975. Es autor de los libros de poemas El invernadero (finalista del Premio de poesía Hiperión; Hiperión, 1995), Desvelo sin paisaje (Premio Emilio Prados de poesía joven; Pre-Textos, 2002), Echado a perder (Premio Generación del 27; Visor, 2007), Los allanadores (Pre-Textos, 2015; Premio Ojo Crítico 2016 y traducido al italiano); y La comedia de la carne (La Bella Varsovia, 2025). Su poesía se ha recogido en las antologías Hacer pie. Poemas reunidos (Hum, 2011), en Chile, y El animal ha llegado a una edad (Conaculta, 2013), en México. También ha publicado las novelas Vida de Pablo (Periférica, 2011), El viaje a pie de Johann Sebastian (Periférica, 2014) y Lejos de Kakania (Periférica, 2019).
Pero mejor, podéis leerlo en esta estupenda entrevista que le hacen en la revista Cuadernos Hispanoamericanos:
https://cuadernoshispanoamericanos.com/carlos-pardo/
Este lunes, 7 de septiembre, leeremos de la pág. 28 hasta la página 66.
Los apartados II Soy mi deseo y III Me enamoré de ti un día lejano.
Ahí van mis impresiones,
como siempre leed a Carlos antes...
· II. Soy mi deseo
Soy mi deseo
Poema relativamente largo, casi como El túnel de Nicanor Parra, con varias capas como casi todo lo que escribe Carlos, reflexiona sobre un amor infantil o platónico, que ni es tan platónico ni tan infantil porque proyecta en esa «amada» nuestra propia incapacidad para atrevernos, o así lo percibo yo; también reflexiona o se burla de las expectativas que nos creamos como personajes de nuestra existencia o cuando creamos personajes literarios o poéticos que no cumplen con el estándar romántico o precisamente lo cumplen porque rompen con lo que supuestamente sería lo esperable o lo deseable en una historia de amor cuestionándolo.
También se burla de la supuesta motivación de la llamada escritura autobiográfica cuando dice:
¿Es, como dicen, cierto
que la escritura autobiográfica
depende de un temprano
sentimiento de abandono?
Para finalmente desarmarnos con sus seis última estrofas, no se hace literatura agazapándose detrás de una esquina y Carlos si alguna vez lo hizo, ya no.
· III. Me enamoré de ti un día lejano
Me enamoré de ti un día lejano
I, II, III, IV y V
Pregunté a Carlos sobre las citas de su libro y me contó que una de ellas perteneces a Natalia Ginzburg y dice: No detesto mi tiempo.
La cita no aparece en este poema, pero tal vez está implícita en él.
Este largo poema cuenta una historia de amor o quizás va más allá y nos habla del amor, se acerca en parte al sentido del amor platoniano, que antepone la belleza en todos sus aspectos, sólo cuando somos capaces de asimilarla, seremos capaces de entender el verdadero significado. No sé si Carlos es consciente de ello, pero en muchos de sus versos se empeña en transformar o en ampliar el sentido de la belleza y admirarla en los barrios más pobres o en la clase media…, ver belleza en cualquier lugar, paraje o rincón de una ciudad.
Y me asombro de la capacidad de Carlos Pardo de crear un poema que mantenga el ritmo, la cadencia, los tropos… y que, a su vez, sea un diálogo y un relato, me entusiasma su capacidad de «poiesis» en el sentido, nuevamente, platoniano de El Banquete.
Cuando Diotima (que representa el pensamiento de Sócrates y por ende el de Platón) dice:
Sabes que el concepto de «poiesis» es algo plural, ya que, sin duda, toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es «creación», de suerte que también las actividades regidas por todas las artes son creaciones y todos los artífices que las llevan a cabo, creadores.
-Tienes razón.
-Pero, sin embargo -dijo ella-, sabes que no se les llama «poetas», sino que tienen otros nombres, y que de la totalidad de la creación se ha delimitado una parte, la que trata de la música y de los metros, y se la designa con el nombre del todo. «Poesía», en efecto, se llama a esta actividad únicamente, y «poetas» a los que poseen esta parte de la creación.
El banquete de Platón, Alianza Ed., 2008, (pág 111).
Carlos es capaz de pasar del no ser al ser y así crear su propio universo, que se nutre de la experiencia —la suya y de la de quienes lo rodean y lo alimentan—, pero que luego él transforma en poesía y trasciende de lo particular a lo universal.
Sólo sé que al terminar este largo poema he necesitado leerlo una y dos y tres y cuatro veces…, y que tomo conciencia de que quizás lo peor de todo sea identificarme con ese pesimismo optimista o ese optimismo pesimista y terminar dándole la razón a ella (su alter ego) repitiendo:
Además de poeta eres idiota.
Y sonreír.
Me maravillan los girasoles mustios, al terminar el primer apartado de este libro, antes de llegar a este poema, no sé por qué pensé en la poesía de Carlos como un campo lleno de girasoles mustios, como los que están a la vuelta de mi casa, muertos pero llenos de pipas, de semillas y, en el centro del campo hay uno pequeño desafiando el tiempo. La fotografía que hice salió borrosa y por eso no la he podido compartir.
Y cuál fue mi sorpresa que al leer este poema llegó esa imagen poderosa de los girasoles…
Hasta la semana que viene.
Un abrazo.
Paula carbonell (Lyca)