Por la parte de Swann, V
Hola a todas y todos, una semana más vamos avanzando en la lectura del primer volumen de A la busca del tiempo perdido. Continuamos leyendo el tramo de "Un amor de Swann", en mi libro desde la p. 266 a la p. 344, unas 80 páginas en total. Nos quedan dos semanas para acabar este primer volumen: la semana que viene acabaremos con la Segunda parte de "Por la parte de Swann"; y la siguiente semana leeremos la Tercera parte "Nombres de países: el nombre", avanzo por aquí el plan de lectura que con esto de no tener casi capítulos ni puntos y aparte no es sencillo leer a un mismo ritmo con ediciones distintas.
El párrafo donde termina la lectura esta semana dice: "Por eso Odette, segura de verlo volver al cabo de unos días, tan cariñoso y sumiso como antes, para pedirle una reconciliación, se acostumbraba a no temer ya desagradarlo e incluso a irritarlo, y cuando le resultaba cómodo le negaba los favores que él más deseaba." (p. 344)
Vamos al lío.
ESTA SEMANA
Comienzo comentando algo que le contaba a Olga en los comentarios al post de la pasada semana: es tan minuciosa la descripción, atiende tanto a los detalles y al proceso, que la historia de enamoramiento de Swann por Odette (ojo, y no al revés) se me presenta casi como algo aséptico, quirúrgico, y poco emocionante. No hay lugar para el misterio, lo velado, lo inexplicable (¡porque todo parece quedar explicado!). Quizás por todo esto no termino de entender que se enamore de Odette ni todo lo que va a suceder a continuación.
Sin embargo sí que me maravilla cómo esta minuciosidad en las explicaciones nos permite entender el funcionamiento de los personajes de las cenas en casa de los Verdurin y cómo se alteran los equilibrios y las relaciones entre ellos. Me tiene completamente enganchado, de hecho entiendo perfectamente a Swann cuando mira arrobado a este grupo que le permite ver a Odette (todos los días) y eso le deja pasar todas las imperfecciones del mismo, que son muchas y tremendas. Leo lo que dicen, lo que miran, lo que piensan... y no me importa todo lo mediocre o malo que veo. Al menos al principio. Porque cuando esto empieza a afectar a nuestro protagonista, ups, cambia mi mirada. En este sentido Saniette se convierte en un acerico que nos va anticipando qué va a pasar con Swann: primero con la mentira que tiene que decir para tratar de seguir cayendo bien, y luego, más adelante, cuando es triturado por Forcheville. Es terrible.
La entrada de Forcheville y Brichot en casa de los Verdurin rompe con ese lugar "seguro" para avivar la llama entre Swann y Odette. Vamos viendo la caída en desgracia de Swann (lo que es sorprendente, pues siempre hemos sabido que viene de unos ámbitos y círculos mucho más cultivados y prestigiosos), que está indefenso por ese amor hacia Odette y que teme el interés de otros por ella. Personalmente me cuesta entender ese amor, esa relación. Igual que me cuesta mucho entender el asunto de los celos.
No vemos que Odette esté enamorada de él, ¿qué es entonces?, ¿una mujer mantenida?, ¿una especie de cocotte? En el momento en el que vemos la cantidad de dinero y detalles que Swann le hace llegar (5.000 francos en un mes, más alhajas y otros regalos) y que cree que debe aumentar para seguir manteniendo su interés... uy, algo se rompe. Pero es que más adelante, cuando ella entiende que Swann está atrapado y que puede incluso portarse mal con él, entran en juego otros hombres. En este sentido, la petición de dinero que le hace Odette para alquilar el castillo para poder ir a Bayreuth (con los Verdurin y su clan, pero no con él) es tremenda: ¿es que Swann está ciego?, ¿pero qué ha visto Swann en Odette?, ¿cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí, hasta esta situación increíble?
En ese sentido los tejemanejes de los Verdurin y sus fieles acólitos son odiosos. ¿No os parece?
Ains, pero cómo he disfrutado la lectura esta semana. Me voy a poner rápidamente con el resto de páginas para acabar esta segunda parte porque quiero saber qué pasa y, sobre todo, tratar de entender por qué.
Pasad una buena semana,
saludos cordiales,
Pep Bruno