Por la parte de Swann, IV

Libro que estamos comentando
Caricatura de Proust con un reloj de arena realizado por Jaque Jours

Hola a todas y todos, seguimos avanzando en la lectura del primer volumen de A la busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, y esta semana pasamos ya el ecuador del mismo (en mi edición, que os recuerdo que está en siete volúmenes). Como os prometí la pasada semana (que leímos casi 100 páginas del tirón) para estos días os propongo menos páginas de lectura para que no se nos quede nadie rezagado. Os propongo leer desde el inicio de la segunda parte, "Un amor de Swann", hasta el momento en el que Swann y Odette han empezado su relación y no les importa besarse incluso delante del cochero, es decir, de la p. 213 a la p. 266 en mi edición, unas 50 páginas. 

 

ESTA SEMANA

Sí, la lectura de esta semana es más corta, pero es que además es muy entretenida y se lee muy cómodamente. Por compensar si a alguien le resultó algo más pesada la lectura de la pasada semana.

Entramos en la segunda parte del primer volumen, la titulada "Un amor de Swann", y lo hacemos por la puerta del salón de los Verdurin donde se celebra una tertulia muy particular al cargo de la señora Verdurin, muy pendiente de que no falle ninguno de los "fieles" y que no haya esnobs ni "pelmas" (clase alta). Bueno, al menos eso es lo que se defiende, pero no sabemos si las cosas son tan exactamente así y quedarían deslumbrados ante la presencia de uno de estos que ellos denominan "pelmas".

En la tertulia conoceremos al doctor Cottard, quien nos proporcionará algunos momentos hilarantes (del humor habéis hablado en comentarios de los post de las pasadas semanas, ¿verdad, Leira?), especialmente con ese interés por las frases hechas (que el narrador no deja de explotar –por ejemplo en la p. 241).

Hablando del narrador, las descripciones de los personajes también son maravillosas, pero es que la que hace de Saniette es fabulosa, mirad este detalle: "tenía una especie de sopa en la boca que resultaba adorable porque se sentía que delataba menos un defecto de la lengua que una cualidad del alma, una especie de resto de la inocencia de la primera edad que nunca había perdido." (p. 230) Insisto en que de cada página se podrían entresacar cuatro o cinco citas que darían para conversar largo y tendido. ¿Estáis de acuerdo?

Pero metámonos ya de lleno en el meollo de estas páginas. Por fin veremos a Swann con algo más de atención. Conoceremos su vida despreocupada (disipada, incluso) y, al mismo tiempo, tan bien relacionada; también sabremos de su interés por las mujeres y por cómo acababa llegando hasta ellas (lo del abuelo del narrador en alerta cada vez que le llegaba una carta de Swann resulta bien elocuente ¿no os parece?). 

Pero al mismo tiempo veremos a un Swann sensible a las artes y a las emociones que le provocan. En este sentido el ejemplo de la melodía musical que escucha en la tertulia y que despliega un recuerdo y unas emociones (pp. 237-39) es  muy sabroso. Además resulta interesante saber que esa melodía que tanto le suscita está escrita por un viejo conocido nuestro, Vinteuil, a quien él desprecia (y no cree que puedan ser una misma persona). Yo creo que será el mismo, ¿qué pensáis vosotras, vosotros?

Lo cierto es que Swann entra en la tertulia de los Verdurin gracias a la intercesión de Odette, y entre ambos empieza a tejerse un enredo sutil que no sabemos si es amor, enamoramiento, deseo, jugueteo... hasta que la cosa se pone bien interesante. Para mí el momento determinante es este: "El simple funcionamiento de aquel organismo social que era el pequeño «clan» proporcionaba a Swann automáticamente citas cotidianas con Odette y le permitía fingir cierta indiferencia por verla, o incluso un deseo de no verla más, que no lo exponía a grandes riesgos porque, aunque le hubiera escrito durante el día, la vería forzosamente por la noche y la acompañaría a casa." (p. 257), la cosa está bastante asentada, hay un equilibrio en este sentido, pero de pronto este equilibrio se rompe cuando él ha llegado tan tarde un día a la tertulia que Odette se ha ido a cenar fuera. Y ahí todo se precipita (y no digo más).

Recordad, unas 50 páginas. Hasta que Odette y Swann empiezan su relación (y no les importa que el cochero les vea besarse).

Os leo en los comentarios.

Pasad una buena semana,

saludos cordiales, 

Pep Bruno