Por la parte de Swann, III

Libro que estamos comentando
Caricatura de Marcel Proust realizada por Pablo García

Hola a todas y todos, continuamos esta lectura que nos mece y nos arrastra, una lectura río que parece más una lectura océano de tan grande y poderosa como es. 

Para la lectura de estos días vamos a terminar la primera parte, "Combray", es decir, unas 93 páginas en mi edición. Perdonad que haya sido un golpe tan largo, pero es bastante difícil marcar el ritmo de lectura en un libro en el que por no haber, casi no hay ni separaciones entre párrafos (a modo de un nuevo hilo narrativo). Os prometo que la semana que viene serán menos páginas para que no se nos descuelgue nadie. En cualquier caso, esta semana paramos a las puertas de la segunda parte: "Un amor de Swann" (p. 211 en mi edición).

 

ESTA SEMANA

En estas páginas continuamos con los recuerdos que han despertado a partir de la magdalena mojada en té. Seguimos con la vida de Léonie que va transcurriendo en su calmo y "pequeño trantrán" (p. 125) y en la que vemos cómo cualquier minucia, cualquier detalle, puede servir para la reflexión, la evocación... ¡incluso el humor! Es que hasta la costumbre de los sábados, en los que se comía una hora antes, sirve al autor para desarrollar algún pasaje hilarante.

Por otro lado me ha interesado mucho esa relación entre Léonie y Françoise, sobre todo cuando la imaginación juega un papel determinante (p. 134) y parece que las cosas que cree/imagina/se inventa la tía Léonie acaban afectando a la relación con Françoise (y con Eulalie). Vemos entonces que Françoise parece estar pendiente de todo, hasta del menor detalle: la mirada, el silencio, lo que dice y cómo lo dice Léonie, como si hubiera una tensión soterrada. Sin embargo, cuando más adelante (p. 173) muere Léonie descubrimos que la realidad era otra, que la relación no era de sospecha/miedo/cautela, sino que era... bueno, no lo diré, ya lo leeréis. Pero igualmente os pregunto: ¿no os parece que muchas veces cosas que no han ocurrido, sino que nos hemos imaginado, igual que detalles o sensaciones que hemos creído percibir, acaban afectando a nuestra realidad? Es magnífico cómo está planteado en el libro.

Por cierto, el detalle de los espárragos y Françoise y la chica de cocina, ejem (p. 142), la crueldad, como decía en su comentario maitelama la pasada semana.

Aparecen en estas páginas el sr. Vinteuil, profesor de música y compositor, y su hija, la señorita Vinteuil. También sabremos de Lea, la pareja de la hija. Lo conoceremos en el paseo por la parte de Méséglise, pero lo iremos viendo en algunos momentos a lo largo de estas páginas y, por lo que parece, volveremos a encontrarnos con él (o, más bien, con su obra) más adelante. Hay un momento "sádico" vinculado a esta familia (p. 179) que afectará a nuestro narrador, parece ser que es un momento clave en su historia. ¿Qué os parece a vosotras, a vosotros? (Yo no voy a desvelar nada.)

Hay otro personaje que ocupa un lugar en estas páginas, Legrandin, al que la abuela acusa de esnob y con el que el narrador llegó a cenar. 

Aunque si hay un espacio relevante en estas páginas es el de los paisajes, ¿no os parece?, y la delicadeza con la que se saborean los colores, olores y detalles del paseo. En un mundo de espinos blancos, ese espino rosa es "como una muchacha con traje de fiesta en medio de personas en bata" (p. 159), es que a cada paso podría uno estar sacando citas y deleitándose con descripciones y detalles de lo más, aparentemente, inocuos. Es maravilloso. En estas páginas a ratos tiene uno la sensación de estar paseando por un cuadro de Monet, qué delicia. ¿No os parece a vosotras, a vosotros?

Os leo en los comentarios.

 

Pasad una buena semana,

saludos cordiales, 

Pep Bruno