Por la parte de Swann, II
Hola a todas y todos, vamos adentrándonos lentamente en esta fiesta de la literatura que es A la busca del tiempo perdido, y hoy lo hacemos leyendo otras 60 páginas en mi edición (desde la 58 hasta la 116), que es un poco menos de la mitad de la segunda parte de "Combray". Como son capítulos muy largos y para que no os liéis buscando exactamente por dónde he parado, os cuento que en estos últimos párrafos el protagonista ha hablado con Swann de un escritor, Bergotte, que le gusta mucho, y ha sabido detalles de la vida de la hija de Swann que le han resultado fascinantes. Hay una cita, justo antes de acabar el párrafo donde he terminado, que dice: "De todo lo que el amor exige para nacer, lo que más le importa, y lo que lo lleva a menospreciar todo lo demás es nuestra convicción de que un ser participa de una vida desconocida en la que su amor nos permitirá penetrar." (p. 115)
También os avanzo que la próxima semana tengo previsto acabar "Combray" y quedar a las puertas de "Un amor de Swann" (que serán unas 90 páginas).
ESTA SEMANA
Pongo una foto del niño Proust acompañando a este post porque seguimos en esta suma de recuerdos de infancia. Conoceremos a unos cuantos personajes bien sabrosos y muchas de sus historias (algunas verdaderamente particulares). Por ejemplo, la tía Léonie, que acabó haciendo su vida en su cama (como el propio autor, quien pasó los últimos 15 años de su vida prácticamente durmiendo de día y escribiendo de noche y sin salir de su cuarto).
Esta particular tía Léonie recuerda un poco al principio de La Regenta, cuando el cura está en lo alto del campanario y otea la ciudad, ¿no os parece? Ella no sale de casa pero no se pierde un detalle de todo lo que sucede en Combray, hasta si hay un perro que no conoce pregunta por él. Afortunadamente, además de la ventana desde la que controla la vida del pueblo tiene también las visitas de los domingos y a la fiel Françoise, la criada, que no para de hacer recados y de recabar la información precisa. Y todo contado de esa manera demorada y maravillosa de Proust, avanzando con rodeos, amplias espirales narrativas que terminan por llegar sin perder un detalle, ¿verdad?, ¿ya os habéis dejado atrapar por esta maravilla narrativa?
De Françoise y sus habilidades culinarias y su "mando" en la casa también sabremos, cómo no. Pero fijaos, es que cualquier personaje, cualquier detalle, sirve para ahondar en el sentido simbólico, la reflexión filosófica, las referencia artísticas o literarias... es impresionante, y si no me creéis sólo tenéis que prestar algo de atención a la muchacha de cocina y su embarazo.
Conoceremos a otros personajes (que tal vez asoman sólo en estas páginas), como el tío Adolphe y la situación en la que se ve sorprendido por el niño (que fue el narrador) y que devino en la ruptura de relaciones con la familia. O el "atemporal" y curioso Bloch, compañero que fue echado de casa con cajas destempladas por los padres del narrador.
En verdad es una lectura apasionante, ¿no os lo parece? A mí me tiene completamente enganchado y no deja de sorprenderme cómo entrevera historias, recuerdos, referencias artísticas, pensamientos, personajes, reflexiones casi filosóficas... y todo encaja perfectamente, sin ser escollo en la narración. Sin prisa. En ese sentido, hay casi tres páginas dedicadas a reflexionar sobre la lectura y la impresión que nos causa (y que causa en el narrador, y que causaba en el niño que era) que son deslumbrantes (en mi edición sobre las páginas 98-101).
Espero que estéis disfrutando de la lectura.
Os leo en los comentarios.
Pasad una buena semana,
Pep Bruno