A la sombra de las muchachas en flor, VI

Libro que estamos comentando
Retrato de Marcel Proust

Hola a todas y todos, continuamos por estos días regalados de mar, sol y relaciones sociales con gente de lo más particular. En dos entregas más terminaremos este segundo volumen y empezaremos el tercero. Poco a poco vamos haciendo camino y disfrutando de una lectura intensa y enjundiosa, qué bien.

Para esta semana os propongo una lectura de unas 75 páginas (va a ser lo que leamos en las siguientes semanas, tandas de 75 páginas hasta acabar el libro), en mi edición iría desde la p. 366 a la p. 442. Desde la aparición de Bloch hasta cuando busca información sobre una muchacha que se apellida Simonet y de la que, sin saber ni quién es él –ni quién es ella–, piensa que seguramente le ame. En fin, qué tío.

Vamos al lío.

 

ESTA SEMANA

Comienza la lectura de esta semana con una disquisición bien sabrosa sobre lo que decimos de nosotros mismos y cómo nos perciben los otros y sobre otras cuestiones relacionadas como los amigos y la amistad. La verdad es que es una de esas perlitas deliciosas que siembran el libro, qué maravilla, tengo un buen montón de fragmentos subrayados: "por prudencia se debería no hablar nunca de uno mismo, por tratarse de un tema sobre el que podemos estar seguros de que el punto de vista ajeno y el nuestro no concuerdan nunca" (p. 368); aunque creo que el momento que me ha hecho soltar la risa por primera vez esta semana ha sido este fragmento: "Para cada uno de nosotros parece haber un dios especial que nos oculta o promete la invisibilidad de nuestro defecto, del mismo modo que cierra los ojos y las narices con la gente que no se lava, ante la raya de mugre que llevan en las orejas y el hedor a sudor que guardan en los sobacos y los convence de que pueden una y otro pasear impunemente por el mundo sin que nadie se dé cuenta de nada." (p. 370).

Aparece un personaje nuevo, el tío de Robert, el señor Palamède. Un tipo muy curioso y desconcertante, ¿no os parece? A mí me parece que el comportamiento que tiene con el joven Proust es de alguien que no está bien de la cabeza: parece que le desprecia, parece que le invita, parece que no está, parece que son casi íntimos (¡que se mete en su dormitorio!), parece que le presta un libro, parece que no... en fin. Un poco particular sí que es. En cualquier caso nos regala unas cuantas páginas bien entretenidas. 

Y por cierto, hay un pasaje bastante duro en el que se nos cuenta cómo un día un hombre se le insinuó al tal Palamède y la cosa acabó bastante mal (pp. 376-377). Y aunque no digo nada para no destripar la historia, sí que me ha dado que pensar el comportamiento de este Palamède con el homosexual y con Proust. No digo que haya un hilo en ello, eh, sino que puede que sea algo simbólico, un mensaje en otro plano. En fin, no sé, a lo mejor son cosas mías. ¿Qué pensáis vosotras?

El momento más insólito de esta semana, sin embargo, no viene de la mano de Palamède, sino de los Bloch, padre e hijo, y de esa particular cena. Si el joven Bloch ya nos había dejado picuetos en las primeras páginas de esta semana (hablando mal de los dos amigos y luego diciéndoselo a cada uno), conocer al padre es un plus. Qué personaje, un metiroso y falsario de marca mayor.

Otra joyita de la lectura de estos días es el momento en el que Proust reflexiona sobre el papel –casi de maestra– de la amante de Robert: "No se daban cuenta de que para muchos jóvenes de mundo, que, de otro modo, seguirían incultos de espíritu, toscos en sus amistades, sin finura ni gusto, es con mucha frecuencia su querida la que resulta su verdadero maestro y las relaciones de este tipo la única escuela de moral que los inicia en una cultura superior, en la que aprenden el valor de los conocimientos desinteresados." (p. 413), las reflexiones continúan un par de páginas y creo que son bien sabrosas.

Y bueno, terminamos con la búsqueda de información sobre la tal Simonet, menudo "Juan Palomo" que se vuelve a montar Proust. Pero lo dejamos justo en el momento en el que aparece Simonet y familia en la lista de forasteros que le hace llegar el director del hotel.

Pasad una buena semana,

os leo en los comentarios.

Saludos cordiales, 

Pep