A la sombra de las muchachas en flor, I
Hola a todas y todos, comenzamos con el segundo volumen de esta enorme A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Este segundo volumen contiene la parte titulada "A la sombra de las muchachas en flor" y, en mi edición, cuenta con unas 580 páginas. Como es habitual vamos a ir leyendo poco a poco, entre 60-90 páginas por semana, si os parece bien. Creo que prisa tenemos poca, la lectura es un disfrute bien grande y la idea es ir paladeando cada página.
Pero dejémonos de preámbulos, y metámonos en harina.
ESTA SEMANA
Para esta semana os propongo leer unas 65 páginas (en mi edición), que es justo donde llega el primer punto y aparte que tiene una separación de párrafos (qué difícil es fragmentar la lectura en libros como este). Nos quedamos justo tras la cita del café Anglais, y el párrafo que ya no leeríamos comienza con "Cuando llegó el 1 de enero, hice primero las visitas familiares con mamá, que, para no cansarme, las había clasificado de antemano..." (p. 79)
Empezamos estas páginas con la presentación del sr. Norpois, un diplomático con mucho mundo y, por lo que se ve, mucha cultura, que va a influir en algunas cuestiones de la vida de nuestro pequeño protagonista y con quien, de hecho, va poder conversar. Pero antes de poner el foco en Norpois fijaos en Cottard, el doctor ridículo que conocimos en las tertulias de los Verdurin y que, de pronto, se ha convertido en alguien interesante (aunque luego se nos explica cómo ha sido eso –o más bien cómo es que ahora parece así), bueno, también Proust nos da una explicación de una sabrosa posibilidad: "conviene observar que el modo de ser que mostramos en la segunda parte de nuestra vida no siempre es, aunque con frecuencia lo sea, nuestro primitivo modo de ser desarrollado o marchito, aumentado o atenuado; es a veces un modo de ser inverso, un verdadero traje vuelto del revés." (p. 16)
Este tal Norpois es un tipo a quien el padre de Proust tiene en muy alta estima y siente que es un honor que venga a cenar a su casa. Sin embargo podemos ver que detrás de ese silencio atento y esas palabras grandilocuentes y esas reflexiones atinadas... hay resquicios que nos dejan entrever que tal vez haya algo que no termina de funcionar correctamente. Como cuando alaba la intención de ser escritor del niño Proust y le pone como ejemplo un joven que había escrito "una obra sobre el sentimiento de lo Infinito en la orilla occidental del lago Victoria Nyazna y este mismo año un opúsculo menos importante, pero llevado por una pluma ágil, mordaz incluso a veces, sobre el fusil de repetición en el ejército búlgaro" (p. 40). Estos detalles humorísticos que van apareciendo a un lado y a otro del libro son deliciosos. Y también sirven para conocer la verdadera catadura del personaje.
En este sentido es muy interesante lo que sucede cuando el pequeño protagonista va con su abuela, por fin (y gracias al ascendiente de Norpois sobre su padre), a ver a la Berma en su papel de Fedra y siente lo que siente (no quiero destripar lo que ocurre) y cómo ha de reinterpretarlo/re-entenderlo/re-sentirlo tras la conversación con Norpois. Es un momento del libro que me ha gustado mucho mucho, y me ha interesado especialmente por la mirada limpia (si se quiere de la infancia), pero también la mirada expectante (de quien sabe ya mucho), en ambos casos es la mirada del pequeño Proust. Y la comparativa de esa mirada con lo que dice Norpois es bien interesante.
O cuando Norpois habla sobre Bergotte, el escritor que el pequeño Proust idolatraba (¿recordáis?). Bueno, es otro momentazo que dejará noqueado (¡y aterrado!) al protagonista. ¡Menudo traje!
Sabemos también algo del matrimonio de Charles con Odette, se explica el motivo de la boda, incluso sabiendo esto: "ese matrimonio con aquella Odette a la que había amado apasionadamente –a pesar de no haberle gustado al principio–, y con la que se había casado cuando ya no la amaba, cuando el ser que, dentro de Swann, había deseado tanto y desesperado tanto de vivir toda su vida junto a Odette, cuando aquel ser ya estaba muerto." (p. 61)
Obviamente la lectura está trufada de reflexiones sabrosísimas, como la consciencia de que la vida estaba siendo ya (p. 74), que podría ir espigando para llenar este post que está resultando ya algo largo. Aun así termino con una cita que resulta tan actual (cosas de los clásicos, claro) que no me he resistido a incluirla: "Solo me quedó claro que repetir lo que todo el mundo pensaba no era en política una señal de inferioridad sino de superioridad." (p. 47)
Pasad una buena semana,
saludos cordiales,
Pep Bruno