La parte de Guermantes, y VIII

Libro que estamos comentando
Proust según Zaël

Hola a todas y todos, terminamos ya la lectura del tercer volumen de esta obra colosal antes del parón veraniego. En septiembre, tal como acordamos, continuaremos leyendo el cuarto volumen, Sodoma y Gomorra. La lectura de estos días, en mis cuentas, va desde la p. 613 a la 721, pero si estáis en otra edición, pues las últimas páginas hasta terminar el libro.

Vamos al lío.

 

ESTA SEMANA

En estos días nos encontramos en una conversación trufada de genealogías, charradas sin interés, poses, miradas, gestos... apariencias vanas que a nuestro protagonista acaban por quitarle el interés y la curiosidad que había tenido por participar en una tertulia tan prestigiada. Más de lo mismo. Esto ya lo habíamos vivido con los Verdurin, pero ahora los protagonistas son princesas, duquesas y demás -esas. El propio narrador compara la tertulia con "un simple herbario lleno de plantas pasadas de moda." (p. 635) y está deseando marcharse: "Ya había querido en varias ocasiones retirarme, y, más que por cualquier otra razón, por la insignificancia que mi presencia imponía en aquella reunión, una de aquellas sin embargo que mucho tiempo había imaginado tan bellas" (p. 653).

Aun así, sale de la reunión con un montón de historias que quiere utilizar y contar a su próximo interlocutor, M. de Charlus, hermano del duque de Guermantes y tío de Saint-Loup, a quien ya habíamos visto páginas atrás. La verdad es que la visita a Charlus es una completa locura (eso de que el narrador acabe destrozando su sombrero os da la medida del momento). La verdad es que esa cita insólita da un poco de salsa a esta parte del libro, te descoloca por completo (como le pasa al propio Proust) pero seguramente tenga sentido. Aquí va mi propuesta: Palamède en realidad es homosexual y con esta actuación tan extraña trata de calibrar al invitado, de hecho que la invitación sea a última hora de la noche y que lo atienda como lo atiende (esto de atender a la gente echado en tu cama o vestido cómodamente y tumbado en el diván ya lo hemos visto en otros momentos, pero no deja de fliparme), ¿qué pensáis vosotras, vosotros?

Por último, esta travesía de genealogías y poses llega a su culmen en las últimas páginas de este tercer volumen donde nos reencontramos con Swann y se da una circunstancia muy elocuente donde podemos calibrar la catadura moral de los protagonistas de estas 700 páginas. Es impresionante lo que ocurre y cómo se cuenta. Son apenas las dos últimas páginas, en las que Swann explica por qué no podrá acompañar a los Guermantes a Italia para servirles de guía, lo que dice y lo que ocurre (o, más bien, no ocurre) después es tremendo.

Y no digo más.

Os leo en los comentarios.

Pasad un feliz verano de descanso. En septiembre volvemos al lío.

Saludos cordiales, 

Pep Bruno