La parte de Guermantes, VII

Libro que estamos comentando
Proust

Hola a todas y todos, aquí seguimos ya en la recta final de este tercer volumen que es también un poco el paso del Ecuador de este libro descomunal. Esta semana os propongo leer un poco más de 100 páginas, desde la 505 hasta la 613 (en mi edición), desde el momento en el que aparece la princesa de Parma (en el que se reflexiona sobre el por qué de su amabilidad con gente tan poco noble como Proust) hasta en el momento en el que la misma princesa y la duquesa de Guermantes hablan de que Saint-Loup está en Marruecos (un lugar peligroso para hacer el servicio militar, pero que él ha pedido).

La semana que viene, desde donde os quedéis, llegamos al final del libro.

Vamos al lío.

 

ESTA SEMANA

Tal como hemos visto en otros volúmenes de este libro, es en el último tercio del mismo en el que parece desarrollarse con detalle el tema que le da título. En esta ocasión estas ciento y pico páginas están dedicadas a un análisis y disección minucioso (fascinante a ratos, sorprendente en otros ratos, y tedioso en algún momento) de los Guermantes. Un análisis que abarca a todo el clan y las particularidades de los mismos hasta el caso concreto de los protagonistas, Mme. y M. de Guermantes.

El motivo se desarrolla a partir de la cena a la que ha sido invitado nuestro narrador (¿os acordáis de él haciendo esperar a todos los invitados mientras él disfruta de un par de cuadros de Elstir?). Llega al salón en el que todos esperan y conoce a los invitados. Y observa (con detalle minucioso, insisto, fascinante) desde gestos hasta comentarios. Habla de los Guermantes y los compara con otra rama familiar similar, los Courvoisier (diferentes en muchas cosas, aunque ambos saben marcar bien las distancias).

Vemos que Proust ha sido invitado porque para Oriane la inteligencia y el talento son los dos aspectos en verdad relevantes para ser invitado a su prestigioso salón. De hecho, sólo por estar allí invitado ya se le abren las puertas de muchos otros salones (como veremos) y crece su prestigio como alguien culto. Que en verdad es alguien culto, puesto que, como él dice: "en esa época conocía más libros que personas y mejor la literatura que la alta sociedad" (p. 557)

Pero, mientras por un lado el narrador analiza y describe la intención de Mme. de Guermantes con ese salón y con su manera de ser, por otro lado vemos también la decepción que le provoca en Proust, porque tras tantas alharacas nos encontramos con una reunión social en la que se cuentan chismes, se habla mal de unos y de otros, se critica sin motivos... en fin, un corral más en el que gallos y gallinas picotean sin piedad. De hecho Proust está bien desencantado al conocer con más detalle a Mme. de Guermantes, de quien estuvo hace unas cuantas páginas enamorado hasta las trancas (en un Juan Palomo de libro), llega a decir: "Nuestras relaciones [ojo, como si hubiera habido alguna relación] se habían basado en un malentendido" (p. 599).

Un tema que se desarrolla en estas páginas (y resulta bastante sorprendente y jugoso) es el de las amantes de M. de Guermantes (contamos con la última ocupando foco en la cena de marras). No quiero destriparos nada porque la lectura ha sido muy amena (desde la 570 hasta la 586 hay un buen puñado de referencias en mi edición) y Mariaje y yo hemos ido riendo y comentando algunos momentos.

Hay también, como en todo el libro, unas cuantas reflexiones muy sabrosas, y algunas muy actuales, como cuando habla del paso por la política de M. de Guermantes y cómo el ruido de los aplausos o los abucheos es capaz de tapar el relato de un sabio en una tribuna (p. 563), me ha parecido muy brillante y actual, insisto.

Bueno, dejo los comentarios por hoy, que podrían ser muchos (como cada semana), pero prefiero leer lo que os va pareciendo a vosotras, a vosotros.

Pasad una buena semana de lectura.

Saludos cordiales, 

Pep Bruno