La parte de Guermantes, VI
Hola a todas y todos, empezamos a ver el final de este tercer volumen, esta semana leeremos unas 100 páginas en mi edición (de la p. 406 a la 505), la próxima semana 110 páginas y la siguiente otras 110 y habremos terminado. Os cuento esto por si vais rezagados para que no os despistéis.
Pero vayamos al lío.
ESTA SEMANA
Tras la muerte de la abuela volvemos a la vida cotidiana de nuestro narrador, pero en esta ocasión en versión latin lover de inicios del s.XX. Parece que es un joven culto y atractivo que puede atraer a algunas mujeres. Ya que estamos hablemos de la mirada que tiene Proust sobre las mujeres. No sé vosotras, vosotros, pero cada vez que habla de deseo me salta alguna alarma (tengo unos cuantos "ufff" escritos a lápiz en varios pasajes de estas páginas). Sin haber leído nada al respecto ni haber buscado información sobre este tema: no sé si es que le interesaban tan poco las mujeres (era homosexual) que perfilaba en la novela la relación de su protagonista con ellas según estereotipos o según oía que hacían otros hombres pero sin pensar mucho en ello, ni informarse algo más, o sin darle muchas vueltas. En verdad me parece muy retrógrado y antiguo incluso para principios del siglo XX algunos de los comentarios que hace y algunas de las reflexiones y acciones que suceden. Pero no sé, a lo mejor estoy completamente equivocado y es que era tal cual lo cuenta Proust. Lo de la criadita de Doncieres, lo de la visita de Albertine, lo de Mme. de Stermaria... Todo daría para hablar un buen rato sobre ello. Por otro lado a veces resulta un completo ingenuo (en temas de amor y deseo) y, al mismo tiempo, un lanzado (casi abusón). Es confuso. Bueno, también puede que sea todavía adolescente.
Hay, en cualquier caso, algunos momentos estelares en estas páginas. Por ejemplo, la visita de Albertine y la irrupción de Françoise en el cuarto (p. 429) y los vales, ¡los vales! (p. 432). Pero es que además está todo contado de tal manera que uno termina de leer y no sabe si se está hablando de que le ha dado un beso en la mejilla o de que tumbados en la cama han llegado al culmen del deseo, qué locura.
Por otro lado está la visita de Robert de Saint-Loup con quien acaba en la taberna (prevista para otra comensal, pero no diré más) y de quien se sugiere que él y sus amigos son gigolós, es decir, en este contexto: homosexuales (p. 478). El ratito en el restaurante tampoco tiene desperdicio (Saint-Loup siempre tan pendiente de él, ¿verdad?).
Y, por último, lo dejamos en todo lo alto con la cena en casa de los Guermantes, sí, los Guermantes. La propia Orianne, Mme. de Guermantes, ha sido quien le pide que asista a su cena (donde conocerá a otra mujer de la realeza, pero eso ya es otra historia). Y él, que es así, listo para unas cosas y completamente idiota para otras, retrasa la cena 45 minutos.
En este sentido el humor vuelve a aderezar algunos momentos del libro, como cuando le pide a Albertine que le acompañe al restaurante en el que piensa quedar con otra mujer (en verdad es como si a este tipo en ocasiones le faltara una patatica para el kilo), o cuando los vales, o cuando el asunto de la cena. En fin.
Pasad una buena semana de lectura.
Saludos cordiales,
Pep Bruno