2001-2011

Libro que estamos comentando
Gachas de arroz tradicionales Corea del Sur Por by ~Nisa at Flickr -

El objetivo de todo empresario es ganar dinero, por lo que no se le puede criticar por tratar de sacar el mayor provecho de sus inversiones. Sin embargo, ¿será justo priorizar en todo momento la eficacia inmediatamente visible? ¿Qué quedará al final en un mundo injusto? ¿Serán felices quienes permanezcan allí?

Hola amigas, hola amigos:

Leemos y comentamos esta semana una década en la vida de Kim Ji-young. Como dice su amiga Cha Seung-yeon: “Mucho puede cambiar en una década”... pero, ¿no es cierto que ese mucho no es suficiente?

En este capítulo Kim accede a la universidad y, pronto, comienza a ser consciente de las dificultades. El centro educativo no es muy prestigioso, es complicado destacar y conseguir una beca, está acostumbrada a estudiar de otra manera (libros de apoyo, modelos de examen distintos), y empieza, también, a ser consciente de la realidad: los estudiantes universitarios apenas tienen tiempo para divertirse, están muy ocupados trabajando para poder costearse los estudios. La matrícula universitaria no para de subir, los libros, la vivienda... ella tiene una apacible estancia porque vive con sus padres (no se libra de trabajar a tiempo parcial: da clases a chavales de educación secundaria), pero aquella compañera que tiene tres trabajos, casi no come (¡ha adelgazado doce kilos!), está agotada, viviendo una vida, como ella misma define, miserable. El abandono de los estudios es algo bastante común. En este sentido, me pregunto si esto ha cambiado en los últimos años, una vez superada aquella crisis económica que retrata la autora. No lo sé. Os he enlazado un vídeo muy cortito en el que se nos presenta la vida universitaria en Corea del Sur como algo muy animado, social, y con muchas risas (aún así, agotadora...)

Kim comienza a buscar trabajo antes de graduarse y le es muy difícil. Envía currículos, se interesa por las ofertas que va encontrando y, mientras tanto, los profesores recomiendan a alumnos varones a las ofertas laborales que les llegan. Pronto, la sociedad heteropatriarcal se hace notar: los varones serán padres de familia, jefes, no tendrán que conciliar el trabajo con la vida familiar (se les priva de este derecho... aunque sigo creyendo que las mayores damnificadas son las mujeres), y las mujeres, como tarde o temprano deberán abandonar su puesto de trabajo, pues... ¿para qué molestarse?

Este mismo ambiente universitario es el que se respira en la empresa en la que, finalmente, Kim consigue un trabajo. A la hora de dirigir un proyecto y de formar parte de un equipo, se prima a los varones por encima de sus compañeras, solo por el hecho de ser hombres y tener la certeza de que “no van a abandonar su puesto”. No importa la valía profesional de cada cual, el empresario no se plantea mejorar las condiciones laborales de sus empleadas y empleados, ¿para qué? 

Tenemos a la jefa de Kim que ha llegado a ser jefa a base de un sobreesfuerzo personal y un coste familiar muy elevado. Es consciente de que sus propias renuncias han privado a sus compañeras de lograr una mayor igualdad y una mejora en sus trabajos. Y, aunque es jefa, si un cliente le pide que vaya a una cena fuera de su horario laboral, va. Sigue renunciando a su vida familiar, a su vida personal. 

Por otro lado, en este capítulo, Kim mantiene dos relaciones sentimentales que terminan rompiéndose: celos, inseguridades, baja autoestima laboral... y, en el caso de su primer novio, aun cuando la relación ya no existe, él la acosa: la llama, va a buscarla, monta el espectáculo frente al restaurante de los padres y el vecindario murmura. 

Los compañeros del club de senderismo, algunos de ellos a los que considera amigos, tienen un pensamiento machista y rancio, con comportamientos, por tanto, rancios y machistas. Las mujeres quieren igualdad, no un trato diferente, pero el club está dirigido por los hombres y ellas son una especie de mujeres-objeto-adorno que sirven para “animarles”. Cuando, en una excursión, Kim se despierta bajo las mantas, descubre que se refieren a ella como un chicle masticado”, que ya no merece la pena porque ha tenido novio. Esta conversación me ha transportado a décadas atrás, cuando en nuestro país se decía de una mujer de la que se sabía (o se sospechaba, o lo decía alguien, daba igual) que había mantenido relaciones íntimas antes del matrimonio, que estaba “perdida”. Que si no se casaba con ese hombre, estaba echada a perder, era “mercancía dañada”. La libertad sexual solo era prerrogativa del hombre. Os comparto una videoreseña del libro y de la adaptación a la película. 

Hay una figura que, poco a poco, está destacando: la madre de Kim. ¿Qué pensáis de ella? ¿Os gusta su evolución? ¿Alguna otra figura femenina os llama la atención? Y, por otro lado, quería plantearos, brevemente, una cuestión: cada vez que busco información sobre esta novela se destaca la denuncia sobre el ambiente laboral, el acoso laboral, etc. y, sí, claro que lo retrata muy fielmente (¿qué me decís de las patadas e insultos que recibe Kim por parte de su compañero de trabajo cuando se queda dormida en la terraza?), pero en la novela hay mucho más que merece ser destacado,  por ejemplo, en el ámbito de las relaciones personales, de las relaciones familiares (la hermana de Kim renuncia, una y otra vez, a condiciones más adecuadas y ventajosas, el padre no reconoce lo que su esposa hace y ha venido haciendo por la familia, parece que el hijo sigue igual...)

La familia monta un restaurante de gachas cerca de una clínica pediátrica y, este emprendimiento, hace mejorar sensiblemente la economía familiar. He buscado algo sobre la gastronomía de Corea del Sur, os dejo un artículo, y un vídeo. 

¿Nos leemos?

(Fotografía de gachas de arroz tradicionales de Corea del Sur: Por by ~Nisa at Flickr