Hasta el capítulo 15, incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Continuamos con nuestra lectura de “Ir a La Habana” (Tusquets), de Leonardo Padura. En esta obra en la que se entremezclan episodios de la vida del autor junto con fragmentos de sus novelas, casi todos protagonizados por Mario Conde, el policía/vendedor de libros, habanero, (casi más habanero que yo, dice Padura), y el devenir de la vida política, cultural y social de La Habana y Cuba, uno cae enseguida en la cuenta de que hay que leer las novelas de Padura. Leyendo estos capítulos, podemos caer en una suerte de melancólica desesperanza, porque el autor narra la desintegración de un país, de una sociedad, desde las casas que se desploman y las calles que se resquebrajan, hasta el propio derrumbe de las personas, como individuos y como sociedad: deterioro físico y moral...
“una de sus manifestaciones ha sido el deterioro de los principios de la urbanidad, entendida como la forma de comportamientos individuales y colectivos adecuados para vivir en sociedad con el necesario respeto por los demás y por las normas de la sociabilidad...”
Terrible la Crisis de la década de los 90, en esos años en los que el gobierno llegó a hablar de la Opción Cero (cero energía, cero alimentos) “y obligar a las personas a abandonar sus casas, a dejar vacías las ciudades, comenzando por La Habana, para irnos todos a vivir en zonas rurales planificadas y socialistamente destinadas a cada municipio capitalino, en una especie de retroceso a una comunidad primitiva de agricultores y recolectores que se alimentarían con lo cocido en ollas colectivas calentadas con leña y vivirían ... ¿en cuevas?”
Los que hemos leído las novelas protagonizadas por Conde, estamos acostumbrados a esa obsesión por comer (opíparamente, de todo y bien regado con alcohol), como una de las mejores opciones para “pasarla bien”.
“Mientras, la siempre acechante falta de productos fue convirtiendo el acto de comer en una obsesión nacional. Desde hace sesenta y tantos años en Cuba, creo, nadie ha muerto de hambre, pero casi nadie ha comido lo que desearía comer”.
Un detalle que no puedo comprender es que no haya pescado ni marisco para comer, en una isla ¡¡!!
El empobrecimiento de la cultura y sus manifestaciones, como la gastronomía o la música... la fealdad de la pobreza, que llama a más pobreza, a más dejadez. Si un cristal se rompe y nadie lo repara, se romperá otro cristal, si un muro está sucio, se seguirá manchando... Es tiempo de pérdida de valores, también, de los estéticos...
“El aspecto físico de la gente refleja todos sus deterioros, sus estados de desesperación. Los comportamientos sociales agresivos y mezquinos, esa pérdida de urbanidad. Como alguien me dijo: cada vez hay más gente fea. Y es cierto. La pobreza es fea”
“Y es que si un cristal está roto y nadie lo sustituye, por una extraña pero persistente ley universal, alguien vendrá y romperá el otro cristal y luego el otro. Si en la esquina del barrio se acumula por días la basura, pronto el sitio se convertirá en un vertedero, porque cada cual echará allí sus desperdicios”.
Es verdad que en los últimos años se ha reconstruido la Habana colonial (un casco histórico con gran valor, más grande que el de algunas ciudades de América Latina, y bellísimo), para que la disfruten los turistas, pero...no los turistas cubanos.
“Una y otra vez he dicho que en esos años oscuros mi opción de vida fue permanecer en Cuba y, en mi casa habanera, aferrarme de manera quizás hasta irracional a mi sentido de pertenencia y, sobre todo, comenzar a escribir como un loco para no volverme loco”.
Padura ama su país, a su ciudad, La Habana, aunque sienta esa ajenitud de la que habla una y otra vez. Él y otros escritores, se han quedado a vivir en La Habana y han escrito de ella y desde ella, configurando una literatura de la desconstrucción y la ajenitud:
“De lo que sí estoy seguro es de que la imagen urbana de esa literatura de la desconstrucción y la ajenitud que cada uno de nosotros ha elaborado de acuerdo a intenciones personales, exigencias sociales y preferencias estéticas se parece bastante más a la capital donde ahora viven casi dos millones de cubanos que a esa otra que la propaganda oficial aplaudió en su denominación o calificación de Ciudad Maravilla, propuesta por personas que ... no viven en La Habana”.
¿Habéis leído algo de Leonardo Padura? ¿Os habéis animado con la serie Cuatro Estaciones de RTVE Play que os enlacé en la anterior entrada? ¿Qué os está pareciendo el libro? ¿Habéis viajado a La Habana?
A vivir que son dos días (pódcast) "Ir a La Habana", en Spotify, con Leonardo Padura. (No os perdáis esta entrevista).