Desde el capítulo 6 de la segunda parte hasta el final.

Libro que estamos comentando
Casablanca. La Habana

“Si aceptamos su condición de organismo sintiente, hoy La Habana debería estar profiriendo alaridos de dolor. Lamentos que yo escucho con angustia intelectual y pesimismo ciudadano, pues algunos ya son estertores agónicos”.

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Llegamos al final de nuestro viaje lector a La Habana.

Estos últimos capítulos, reportajes y crónicas periodísticas del autor me han resultado muy cautivadores. Por un lado, tenemos dos lugares, Casablanca, el pueblito o barrio marinero que agoniza en la Bahía de La  Habana, y por otro, el Barrio Chino, en el que van quedando ya muy pocos ciudadanos chinos, solo los supervivientes de la última gran emigración. Debió de ser un gran barrio, autosuficiente, lleno de vida, con teatros, comercios, hasta funerarias y cementerio propio. Pero siempre, ah, la nostalgia de su país... Como la nostalgia de la que nunca lograron desprenderse los catalanes que emigraron a Cuba y lograron hacer una gran fortuna (¿cuántos tendrían que volverse casi con las manos vacías?). Estos hombres, grandes comerciantes, avispados hombres de negocios, algunos sin escrúpulos (tratantes de esclavos), que viajaban, una y otra vez, de Cuba a Cataluña y viceversa, sin ser ni de allí (gallegos, les decían), ni de aquí (americanos), pero que trataban, por todos los medios, de construir rutilantes edificios, grandiosos parques, y pasar sus últimos años en la tierra que los vio nacer.

(Qué maravilla el Parc Samá, cercano a Cambrils)

Los últimos capítulos los dedica Padura a tres hombres, a Yarini, el Rey, el joven proxeneta que creyó tener el mundo a sus pies, al tamborero Chano Pozo y al timbalero Chori, increíbles músicos, verdaderos genios autodidactas que nacieron tocados por la varita del talento.

Los tres vivieron vidas extraordinarias, fuera de lo común, los tres murieron de mala manera (a tiro limpio o en el más absoluto olvido), pero qué personajes. Dignos, cada uno de ellos, de contar con su propia novela, con su propia película. De hecho, existen canciones, películas, documentales... De ellos, el que más me ha conmovido ha sido Chori y el episodio con Marlon Brando, ni loco me voy, ni por tierra, ni por mar, ni por aire... habanero hasta la médula. Qué hombre más extraordinario.

Leonardo Padura y su Ir a La Habana, en La 2

¿Qué os ha parecido este viaje lector habanero? ¿Os animáis a calificarlo con una palabra?