TERMINAMOS CON EMILIO Y OCTUBRE
Ya está aquí el final de “Emilio y Octubre” y da la sensación de que no solo hemos seguido un viaje, sino que hemos ido acompañando una transformación lenta, llena de dudas, retrocesos y pequeños gestos que, sumados, cambian por completo la manera en que Emilio se mira a sí mismo y mira el mundo. El cierre del libro no ofrece respuestas fáciles ni consuelos rotundos; más bien deja una estela de preguntas, de silencios y de decisiones que continúan resonando cuando ya hemos acabado la última página, como si la historia insistiera en quedarse un rato más con nosotrxs.
En este tramo final, la relación entre Emilio y Octubre termina de revelar sus fracturas, sus límites y también sus espacios de cuidado, esos momentos en los que el afecto se mezcla con el miedo, la ternura con la huida, la esperanza con la resignación. La distopía que rodea a los personajes, con su violencia sutil y sus amenazas latentes, se vuelve casi una extensión de sus propias contradicciones internas; a veces parece que el mundo exterior se desploma al mismo ritmo que lo hace la seguridad de Emilio sobre quién es y qué desea. El libro nos obliga a mirar de frente cómo se negocian las renuncias, qué estamos dispuestxs a sacrificar y qué pasa cuando ya es demasiado tarde para volver atrás.
También me parece muy potente cómo, hasta el final, la obra de arte, los espacios visitados y los paisajes —incluso cuando se vuelven áridos o casi irreales— siguen funcionando como espejos de los personajes. Hay escenas en las que parece que son los cuadros, las arquitecturas o los restos de un mundo que se deshace quienes hablan por ellos, quienes ponen nombre a lo que Emilio no se atreve a decir. Y, sin embargo, lo verdaderamente extraordinario sigue apareciendo en lo cotidiano: en una conversación rota, en un gesto de cuidado, en una despedida mal hecha, en esas pequeñas decisiones que nunca figurarían en ningún gran relato heroico, pero que marcan la vida entera de alguien.
Para cerrar nuestra lectura, os propongo que pensemos juntxs en cómo nos deja este final: qué escenas os han resultado más devastadoras o luminosas, qué decisiones de Emilio seguís discutiendo por dentro y qué lugar ocupa ahora Octubre en vuestra memoria lectora. ¿Sentís que el libro habla más de amor, de pérdida, de miedo, de resistencia, de todo a la vez? ¿Qué huellas os deja esta historia en vuestra manera de entender las relaciones, la memoria y ese futuro incierto que el autor imagina, pero que a veces se parece demasiado a nuestro presente? ¿Os habéis sentido identificados en algún momento con los protagonistas? (yo sí). Espero que disfrutéis del final del libro y os espero la próxima lectura. Para terminar elegí la imagen del guardainfante donde comienza la historia a modo de despedida del libro.
Q tengáis buena semana.