Parte IV: La vida cultural

Libro que estamos comentando
Caracol común en un jardín

Hola, amigas, hola, amigos:

¿Cómo estáis? ¿Cómo estáis viviendo esta lectura lenta, a paso de caracol?

Cuando pensé en la distancia que mi caracol era capaz de recorrer en relación con su tamaño, mi propia inmovilidad me resultó aún más dura al compararme con él. Y mi vida se estaba volviendo igual de solitaria que la de mi caracol. (...) Mi cama era una isla en el solitario océano de mi habitación. Pese a todo, sabía que había otras personas recluidad en sus casas debido a una enfermedad o por una lesión, desperdigadas en distintos lugares por los pueblos y las ciudades de todo el mundo. Y miestras estaba allí tumbada, sentía una conexión con todas ellas. También nosotros éramos una colonia de solitarios ermitaños.

En estos capítulos Elisabeht Tova Bailey continúa investigando y aprendiendo mucho sobre los caracoles. Es tanto el consuelo y compañía que su caracol le brinda que, en un momento dado, tras un empacho sufrido por su gasterópodo, ella se pregunta: ¿cómo lograría yo sobrevivir a mi enfermedad sin su compañía? El caracol se ha convertido en un ser imprescindible para ella. 

A lo largo de esta parte, la autora se pregunta muchas cosas sobre el caracol: asegura que ha de tener cierta inteligencia, puesto que tiene memoria para los olores, y que aún cuando su curiosidad le impele a probar un nuevo alimento, lo hace con precaución, para prevenir efectos indeseados. 

El recordatorio de que procedemos de un gusano sencillo (los gasterópodos y los mamíferos), que se dividió en dos, no me abandona... si bien “la evolución de una especie viene parcialmente determinada por su historial único de patógenos víricos y bacterianos”. Ciertamente, y como dijo ya Darwin, los gasterópodos están tan lejos de los mamíferos que no se pueden comparar, pero el origen, ay, el origen fue el mismo. 

Ligado a las características de unos animales respecto a otros, también me ha fascinado lo que se pregunta Elisabeth: 

Me pregunté si habría ADN oculto que codificara características de otros animales en mi propio código genético. Todos tenemos algunos genes que, por razones desconocidas, están en modo apagado; quizá los científicos descubran algún día cómo activar esos interruptores y podamos entonces elegir disfrutar de características de otros animales que podrían resulatarnos de interés una cola, un pelaje a rayas, alas o incluso los tentáculos de los gasterópodos. 

Si esto fuese posible... ¿qué característica os gustaría reactivar? 

Si bien los caracoles son animales solitarios y con limitaciones en la movilidad, disponen de la inteligencia necesaria para colaborar con otros en circunstancias adversas (como en las granjas de caracoles, en las que se apoyan unos en otros y logran escapar como un único ser) y aprovecharse de la velocidad y la capacidad de viajar de otros animales, como las aves o las abejas, o de acontecimientos naturales, como un ciclón o una tormenta.

Algo tan pequeño y, aparentemente, sin ningún interés, como un caracol, es un ser vivo fascinante que contribuye al equilibrio del medio natural y que es capaz de adaptarse a condiciones extremas como el calor o el frío, entrando en periodos de latencia y resguardándose en sus casas portátiles. De hecho, como sugiere la autora, ojalá pudiéramos entrar en esa latencia cuando nos enfrentamos a dificultades insuperables que amenazan con nuestra supervivencia. 

Por otro lado... ¿qué música le ponemos a la relación entre el caracol y la escritora? 

Contadme, contadnos, lo que gustéis. 

Por Photo taken by Tarquin - From en wiki, CC BY-SA 3.0