Desde la Parte V hasta el final

Libro que estamos comentando
Caracoles apareándose. Josep Monter Martínez

Nunca habría imaginado que lo que me ayudaría a superar el año que acaba de pasar serían un caracol silvestre y su prole; sinceramente creo que no podría haberlo hecho sin ellos. El hecho de observar a una criatura vivir su vida... me dio también a mí, como observadora, un propósito. Para el caracol su vida era importante y a mí me importaba el caracol; eso significaba que algo de lo que había en mi vida importaba y esa idea me ayudó a seguir adelante... 

Finalizamos esta semana la lectura compartida del mes de mayo, una lectura sosegada que ha requerido, sin duda, de mucha paciencia para seguir las evoluciones lentas de una criatura aparentemente insignificante... que guarda muchos misterios y desarrolla mecanismos tan ingeniosos como fascinantes para protegerse, perpetuar sus genes, alimentarse, beber, explorar, simplemente, y nada más y nada menos: vivir.

En los capítulos que nos faltaban por comentar, aprendemos mucho sobre los caracoles: cómo se protegen del peligro exterior en su concha o cómo se defienden generando lotes de baba más espesa, maloliente y tóxica. Ser hermafroditas a los caracoles les sitúa en un peldaño de la escalera evolutiva muy interesante: en el apareamiento (largo, complicado y exquisito) pueden ser machos o hembras, indistintamente. Además, pueden atesorar en su interior los espermatozoides (en los espermatecas) hasta que las condiciones sean las idóneas para la puesta de sus huevos. 

Elisabeth Tova regresa, finalmente a su casa y, sí, su caracol y su progenie (excepto un descendiente al que termina liberando también), vuelven al bosque, a su casa. 

Creo que esta lectura nos ha descubierto las maravillas de la naturaleza, de la evolución, del necesario equilibrio de los ecosistemas a través de una pequeña criatura, poniendo el acento en el conocimiento, el cuidado y la observación. Y que los animales silvestres, sigan viviendo en su hábitat silvestre. 

Las reflexiones que nos deja sobre la enfermedad: 

Hay un periodo en una enfermedad grave que resulta desgarrador por el aislamiento en el que vive el enfermo; es un momento en el que la única regla que rige su existencia es la incertidumbre, y el único movimiento que experimenta, el paso del tiempo. Había momentos en los que deseaba que el virus que me invadía me hubiera llevado por completo. Es mucho mejor vivir una vida exuberante y marcharse como se va uno de una fiesta; simplemente abriendo la puerta y saliendo al exterior. En vez de eso, el virus me había llevado hasta el borde la vida y me había dejado atrapada allí, en su perniciosa sombra   

Y cómo evoluciona su pensamiento, gracias a su convivencia con el caracol:

Pensaba en el espacio limitado del terrario y en cómo el cafracol parecía estar contento mientras comía, exploraba y completaba un ciclo de vida en su interior. Esto me daba la esperanza de que quizá también yo podría cumplir mis sueños, aunque tuviera que cambiarlos. 

Dejamos a Elisabeth en su tumbona y a Brandy junto a ella, contemplando las estrellas, mientras el caracol y toda su progenie se despiertan poco a poco en el bosque. 

¿Conversamos? ¿Qué os ha parecido nuestra lectura de mayo?

(Imagen de Josep Monter Martinez en Pixabay)