2ª parte. Hasta el capitulo 9.
Sorpresa en el planeta Yermo, al que se suponía inhóspito y estéril. Sorprende a Yarek con una vitalidad y una explosión de vida inesperadas.
¿Es real que crezcan árboles y se oigan los cantos de los pájaros desde el interior del refugio o se trata de una alucinación? La duda que se plantea para confirmar lo que ve a través de la ventana es si debe salir al exterior o no.
Tantos cambios le ponen sobre aviso de que Yermo es un planeta diferente. En situaciones anteriores, siempre había estado rodeado de un equipo en el que cada uno cumplía con sus tareas específicas. En esta ocasión, el sentirse solo acrecienta las incertidumbres y sus sensaciones de peligro. Los lectores advertimos que posiblemente sienta algo de miedo en una situación nueva que no controla. Tiene también una pesadilla recurrente que lo agobia: sueña con buitres, con los animales que contribuyó a extinguir en el planeta Viento.
Unos sonidos sorprendentes descolocan aún más a Yarek. Son sonidos inesperados e inimaginables en un planeta como Yermo. En el duermevela, escucha risas y gritos infantiles, risas humanas que le llegaban del exterior.
Era imposible. "En el exterior, en mitad de la noche, un grupo de niños tiraba piedrecitas contra el refugio. Tenía que estar soñando ." O salir y adueñarse del mundo o quedarse en el refugio buscando excusas para su cobardía. Sale finalmente al exterior. Hierba, flores, árboles, lagos, ríos y el mundo primaveral exuberante.
El descubrimiento de las huellas de un grupo de humanoides de diferentes edades confirma su inquietud. Finalmente, se encuentra con un grupo de veintisiete seres con características físicas plenamente humanas. Los bautiza, con la autoridad que le otorga el saberse pionero en ese planeta desconocido, con el nombre de “eloi”, el nombre de unos seres frágiles, hermosos y con una apariencia física delicada que aparecen en la novela de ciencia ficción La máquina del tiempo de H. G. Wells.
Los eloi forman una especie de rebaño a pesar de tener claramente características físicas humanas. Se alimentan y se mueven por la pradera, por los bosques y los lagos como lo haría una manada de animales salvajes, aunque pacíficos y nada huidizos.
Yarek se pregunta si el Gobierno Federal estará controlando de alguna forma su vida en Yermo/Ianus. Si es así, seguro que acudiría enseguida a rescatar y a tomar posesión de un planeta tan apto para la vida humana.
Utilizando sus habilidades y conocimientos como xenólogo llega a la conclusión de que los habitantes encontrados no son inteligentes. La vida de estos humanoides puede parecer plácida y perfecta dentro de su simplicidad. Se diría que son felices porque no desean otra cosa que alimentarse y disfrutar de las libertades en una naturaleza que los acoge con agradable comodidad.
La otra especie que habita en Ianus es un animal parecido a un roedor, al que llama “sherta”, que también tiene un comportamiento nada asustadizo. Incluso mostraban signos de confianza y familiaridad.
Yarek se esfuerza por relacionarse con los eloi, sin éxito, pero convive, por el contrario, con distancia y cierto desapego con los sherta. Estos no dejan de sorprenderle cada vez más.
Decide cambiar el nombre del planeta a otro más acorde con su nueva naturaleza. De Yermo pasa a denominarlo Ianus, como el dios Jano, el de las dos caras. https://es.wikipedia.org/wiki/Jano
Nota cambios en el paisaje, como si la exuberancia primaveral diese paso a la plenitud del verano. Nada que ver con las tierras peladas y desérticas que se encontró a su llegada.
Intenta encontrar las causas de esos cambios, pero no encuentra explicación. Tal vez sea uno de los elementos más desconcertantes y chirriantes de la novela. Aunque en El mundo de Yarek no abunden las explicaciones científicas, sí que se echan en falta algunas aclaraciones de los fenómenos que suceden en Yermo/Ianus. “¿Llegaría un día en el que al despertar todo habría desaparecido como un espejismo o tendría unas semanas, unos días de otoño apresurado para despedirse del pasado …"
Yarek inicia un acercamiento a los eloi intentando incentivar las capacidades de comunicación de los extraños seres, pero llega decepcionado a la conclusión de que "parecen elfos de cuento, pero son cretinos totales". Todo lo que consigue de ellos es lo que llama “imitación gestual".