1ª parte. Hasta el capítulo 5.

Libro que estamos comentando
Cubierta de una edición en ruso de El mundo de Yarek.

Un astronauta perdido en el espacio es como un náufrago abandonado en una isla desierta en medio del océano. 

Yennart Yarek, el “xenólogo" de prestigio que incluso había descubierto tres nuevas especies inteligentes para la Confederación de Civilizaciones Galácticas, “aterriza" en el planeta Yermo, donde va a cumplir la condena que el Tribunal le acaba de  imponer por su última actuación en el planeta Viento. Copio su extenso currículum: "Un ex xenólogo, ex director de investigaciones, ex miembro de la Academia Interplanetaria de Estudios Ahumanos, ex especialista en vida alienígena, ex ciudadano de la Confederación de Mundos Habitados, ex esposo de Nora Freeman, de Tilda Maier y de Nakembe Dubois. ¿Ex humano, quizá? Reducido a una supervivencia animal en un mundo desierto. ¿Hasta qué punto puede eso borrar la humanidad de un ser?"

Con casi cincuenta años, su trabajo consiste en dirigir los equipos de “xenólogos” que estudian las distintas formas de vida extraterrestre. La “xenología” es un término que no aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia, sin embargo, ya tiene una amplia trayectoria en la biología y en la ciencia ficción. En esta última se hace referencia al estudio de los seres vivos de otros mundos.

Yarek ha desarrollado con éxito su carrera en esta rama de la ciencia, figurando como responsable de los equipos que acuden a los planetas recientemente descubiertos para determinar si en ellos existe alguna especie de vida inteligente. En el caso de que así sea, la Confederación asume la responsabilidad de respetar y mantener inalterado el ecosistema en el que habitan y de impedir la colonización, siempre voraz, de la especie humana.

En Viento, su trabajo consistió en determinar si los “aarea”, la especie alada que habitaba el planeta, similar a los buitres terrestres, pero que no podían volar, eran una especie inteligente. 

En la novela no se aclaran los protocolos que los xenólogos utilizan en sus investigaciones, pero Yarek, como máximo responsable, autoriza el genocidio de los aarea.

Estudios posteriores refutan las decisiones de Yarek y provocan que este sea juzgado y condenado por genocidio y por haber prevaricado en sus decisiones. ¿Acaso no soñaba con retirarse a vivir su jubilación en una de las mágicas laderas del planeta Viento? ¿Era consciente de que la desaparición de los animales facilitaba la colonización de personas que anhelaban convivir en la naturaleza, pero sin las molestias de animales alados de más de siete metros? ¿No hizo lo que, al fin y al cabo, sus superiores esperaban que hiciera?

La sentencia fue un mazazo para él: veinte años de destierro en Yermo, un planeta árido, sin ningún tipo de vida en su superficie y alejado de cualquier tipo de comunicación con la civilización. Únicamente tiene la compañía de un ordenador que ha tenido la ironía de bautizarlo como “Buitre”.