Hasta el capítulo "Leyes superiores", incluido
Hola, amigas, hola amigos:
Avanzamos en la lectura compartida de esta novela a la que es difícil etiquetar: ¿es literatura de viajes? Bien, hay una travesía física, un trayecto en barco hasta llegar a Wrangel, pero el viaje (que creo que sí lo hay) es psicológico, y de emancipación. Ada comienza a cuestionarse la religión en la que fue educada por obligación, la servidumbre ante los colonos, el borrado sistemático de sus tradiciones: su cultura, su lenguaje, sus ritos (purificación, fallecimiento, nacimiento), el desprecio del colono blanco al índigena...
Si su concentración es muy profunda, nota incluso que las manos y los ojos, los pasos y los cuerpos de otras mujeres iñupiat habitan también en su cuerpo. ¿De dónde le nace si no-a ella, privada desde niña de los aprendizajes ancestrales-la memoria para el cuidado del fuego?
¿Es una novela de aventuras? Lo es, pero no de las que estamos acostumbrados, esta aventura, fruto de la necesidad de Ada de procurar salud y futuro a su hijo Bennet, no es la típica gesta de las grandes cacerías, ni se trata de acumular pieles, tampoco de anexionar territorios ni de clavar la pica de ninguna bandera. Es una aventura de supervivencia, de fortalecimiento, una aventura en el que el pensamiento y las habilidades de Ada cambian, gracias a la práctica, a la observación y al adiestramiento de una gata que también está realizando su propio viaje. Vic es un felino salvaje, ha dejado de ser una gata doméstica.
Cuando los cazadores iñupiat entraban al wigwam comunal, orgullosos de la caza que ofrecían a los suyos, en sus ojos brillaba la misma chispa de los que han pensado y vivido más allá de para asegurar la vida de su comunidad.
Las iñupiat piensan y viven, sin embargo, para el fuego, para asegurar el alimento y el abrigo de los hijos y para mantener intacta la memoria de sus mejores hombres. El brillo de sus ojos tiene más que ver con el amor de una lámpara de aceite siempre encendida, con el de la aguja de hueso moviéndose entre sus dedos, con el de la comida caliente y la disposición eterna de los brazos para todas las mujeres del asentamiento, también para con los hijos y los viejos antes de retirarse a morir solos al hielo.
¿Es literatura de la naturaleza? Esta novela denuncia el mundo colonial y ecocida, la violencia del sistema. Sánchez Alonso transmite la belleza del Ártico, una Naturaleza dura y hostil, con sus propias leyes, que no permite que nadie la menosprecie o la ninguneé. Los expedicionarios pensaron que no sería difícil vivir allí, cazar sin mesura, aprovisionarse de pieles, coger lo que les apeteciera y que no deberían pagar ningún peaje por ello. Se equivocaron.
Hay una cuestión importante que sobrevuela toda la historia y es la maternidad. Es el motivo por el que Ada está en la isla, pero la autora nos transmite la revolución que supone ser madre: físico y psicológico.
En estos primeros capítulos de la segunda parte, Ada está sola (si exceptuamos a Vic), y la vemos esforzarse por sobrevivir. Entrena la puntería, se traslada al almacén dejando allí al cuerpo de Knight que supone un peligro puesto que atraerá a los osos, fabrica una mesa, pone trampas, aprende a encender la lámpara tradicional de los iñupait.
A veces se siente culpable por no echarlos de menos, por no necesitarlos siquiera cuando el viento es tan salvaje que hace tambalear el almacén, o cuando presiente el deambular famélico de algún oso. Es la primera vez en años que nadie manda sobre ella ni le dice lo que tiene que hacer; que nadie la llama, con la voz seca y precisa con la que se llama a los perros, salvaje, nativa, o en el mejor de los casos, mujer. Tampoco nunca hasta ahora había debido savagauradar la vida de su hijo desde la distancia velando tan solo por su propio fuego, por su propio abrigo y alimento-ahora nadie le dice aanaga o mamá-. Si no fuera por el hambre y la escasez que la gobiernan sería tan libre como lo fue durante el parto y tras el nacimiento de Bennett.
Es una historia durísima, en una Naturaleza sin domesticar (porque así es la Naturaleza), hostil y salvaje. Y, allí, está Ada. Evolucionando. Con la compañía de Walden de Toureau y una gata asalvajada que intenta... ¿enseñarle a cazar ratones?
¿Conversamos?