Hasta el capítulo 7, incluido

Libro que estamos comentando
Comité del Libro para el Ciego

Hola, amigas, amigos:

Conversamos esta semana en torno a dos capítulos extensos, el 6 (Comité del Libro para El Ciego) y el 7 (La efervescencia del Lyceum).

En primer lugar quería disculparme por la cantidad de recursos que compartí la semana pasada en el club. Realmente, con la lectura del libro, nos hacemos una idea general (en muchos casos, muy concreta y bajando a detalles), tanto de los proyectos más importantes que llevaron a cabo estas mujeres valientes y modernas, como de ellas mismas. Simplemente, los comparto para que queden ahí y podáis volver a ellos en un futuro, si os apetece, pero mi intención primigenia se me fue de las manos, me temo. 

En cuanto a proyectos e iniciativas de envergadura que encaró el Lyceum Club, a estas alturas ya hemos llegado a varios que, pienso, son desconocidos para la mayoría de nosotros. Al menos, lo eran para mí. La lucha por modificar y abolir la terrible ley de adulterio que, en un primer momento, penalizaba de manera inenarrable a la mujer frente al hombre (un exilio para castigar un asesinato, dan escalofríos), la Casa de los Niños, en una época en que las familias obreras no podían cuidar de los pequeños (esas casas en las que se hacinaban, húmedas, frías e insalubres, escaseando siempre el alimento y la necesaria higiene) y estos enfermaban de desnutrición, tuberculosis, con una mortandad muy elevada. Esa Casa, ese hogar para los pequeños en el que se les leía cuentos, se les daba de comer tres veces al día, se les bañaba... Y, en el capítulo 6, la creación del Comité del Libro para El Ciego, en el que las socias del club pusieron tanto entusiasmo (para recaudar fondos, para publicitarlo, para organizar eventos que lo visibilizaran y así poder continuar transcribiendo libros al método Braille) y tanto esfuerzo, leyendo en voz alta durante horas e, incluso, aprendiendo a copiar obras en esos libros blancos, tan voluminosos... ellas mismas. 

En el capítulo 7, en el que Cosculluela nos habla de los tiempos más efervescentes del Lyceum, he disfrutado mucho descubriendo a mujeres como Pilar de Zubiaurre, marchante de arte, pintora, músico, intelectual extraordinaria o la rompedora Victorina Durán, Elena Fortún, María Lejárrega (tremendo lo que le pasó al morir el marido y heredar la hija todos los derechos de sus obras. De las obras de María, estoy convencida de que ella las escribió sola, o al menos, el 95% de ellas), María y Mercedes Rodrigo, las hermanas que se exiliaron en Puerto Rico y tuvieron que luchar desde bien pequeñas para conseguir estudiar, dedicarse a aquello en lo que destacaban, en sus vocaciones. La una, compositora, la otra, psicóloga, como bien resalta la autora, en nuestro tiempo sus trayectorias serían notables, en su tiempo fueron absolutamente magníficas (se me quedan cortos los adjetivos). La vida de Elena Fortún, no por más conocida, deja de ser interesante y triste. Parece que los años que perteneció al club y formó parte de esa vida cultural tan intensa, fueron un vendaval que la elevó: estudió, escribió profesionalmente, se realizó como mujer y como profesional. Leyendo a Eva, caigo también en la cuenta de que en los manuales del colegio, del instituto, nadie me habló de estas mujeres. No existían, se borraron. Qué injusticia. También me provoca muchísima intriga esas socias y responsables de las distintas secciones del Lyceum de las que, hasta el momento, se conoce muy poco. Si visitáis la web oficial del centenario, en el listado de socias podéis comprobar cómo algunas fichas no tienen foto y sus datos son muy escasos. La investigación sigue abierta... ojalá se pueda seguir dando luz a estas mujeres.

En este capítulo de efervescencias, sombras, envidias y demás, me ha parecido muy grotesco el episodio de Rafael Alberti y muy curiosas las reacciones de las socias, algunas de ellas (sobre todo a las que Alberti había atacado a sus maridos) se marcharon indignadas pero otras, con la escritora Esnestina Champourcin  a la cabeza, lo catalogaron de muy gracioso y le restaron importancia. Llama la atención cómo muchos maridos de las socias reprobaban que estas formaran parte del club (entre ellos, Juan Ramón Jiménez), e, incluso, escribieron artículos y folletines furibundos contra el Lyceum, tachando a las socias de burguesas y de señoritas desocupadas de la alta sociedad. 

Pienso que la programación cultural del Lyceum, que en su época se difundió ampliamente en la prensa, fue tan notable que, en sí misma, fue un proyecto esencial: exposicios de arte, exhibiciones de baile, conferencias, lecturas de poemas, recitales, debates, conciertos... 

Hay muchos otros aspectos de los que podemos hablar, si gustáis, en los comentarios, como los grupos sáficos que creó Victorina y que tanto soporte dieron a las mujeres, en una época en que ser lesbiana era un “peligro público”.

Os dejo algunos enlaces a recursos (pero menos que la semana pasada. Si habéis encontrado algo interesante para compartir, por favor, compartid vuestros tesoros). 

¿Nos leemos?