Hasta el capítulo 18, incluido

Libro que estamos comentando
Oso en Alaska

Hola amigas, hola amigos:

Seguimos leyendo y conversando en torno a los siguientes nueve capítulos de la novela firmada por la escritora Eowyn Ivey. 

La historia, como habéis detectado y señalado en vuestros comentarios (por cierto, gracias por participar en la conversación, todas las miradas y todas las opiniones enriquecen la lectura), se sustenta sobre dos pilares: los personajes y la naturaleza salvaje de Alaska que, en realidad, funciona como un personaje más. Además, se inspira en dos cuentos tradicionales: La Bella y la Bestia, y el cuento noruego El rey oso blanco

Las protagonistas, Birdie (pajarito) y su hija Emaleen, dan un giro a su vida cuando se van a vivir a la cabaña de Arthur, en lo más profundo de las montañas, allá donde viven los Osos Grizzly. Se trata de una vivienda pequeña, rústica y de madera, que se complementa con una leñera y un pequeño almacén o despensa, que parece una casita de muñecas. Esta cabaña, que fue construida por Warren, ahora policía jubilado, y su mujer, Carol, fallecida por una enfermedad hace varios años, está en unas condiciones bastante lamentables: sucia, llena de tierra, con huesos debajo de una cama, las ventanas tapiadas con maderas... ¿no os recuerda a una osera, una suerte de cueva de osos en la que hibernar? 

Warren, a pesar de sus temores, las lleva en su pequeña avioneta. Está tentado de avisar a Birdie de que existe un peligro, una amenaza. De que Arthur no es como los demás, pero el deseo de que su hijo sea, al final, feliz, de que el amor lo pueda transformar... le hace callar. No obstante, se impone a sí mismo la tarea de vigilar de vez en cuando a Birdie y a Emaleen, para comprobar que están bien.

Y es que ya en estos capítulos sabemos que a Arthur lo encontró Warren cerca de la cabaña, con una extraña piel de oso adherida a su cuerpo, cerca de otro cachorro de oso y de una osa, feroz y maternal, una osa grizzli. A lo largo de los años, todos han ido hablando de que Arthur es distinto, que es un comemiel, pero... ¿es un oso que se transforma en un hombre o es un hombre que se transforma en un oso? 

Es muy reveladora la parte en que la pequeña Emaleen ve cómo Arthur se desprende de su piel de oso y la guarda, enterrándola con cuidado... esta imagen la conmociona. 

Por otro lado, tenemos el comportamiento de Arthur, que va y viene sin dar explicaciones, desaparece durante horas, incluso durante días. Su carácter, a veces perezoso e indolente, pero, al mismo tiempo, cariñoso y paternal con Emaleen, atento y amoroso (a su manera) con Birdie.

Y, la naturaleza, el prodigio del entorno natural de las montañas, la ciénaga, los arroyos, el nevero que, en pleno verano, es un regalo de dioses para Birdie y su niña. Emaleen juega con Thimblina, juega a hornear pasteles, a preparar comida para los gnomos, a aprender el nombre de las flores y las plantas comestibles, a vivir innumerables aventuras en esa naturaleza tan prometedora como peligrosa. Y Birdie se siente libre, capaz de tomar sus propias decisiones (me levanto, no me levanto, limpio, no limpio...) pero, en cierto modo, atada a la cabaña, porque Arthur desaparece sin dar explicaciones y ella no puede irse sin más ni más, tiene a su hija. Creo que este aspecto, hoy por hoy, es lo que enoja a Birdie... nada más. Ha dejado de beber, de fumar. Come mejor, hace ejercicio. Escucha a Emaleen... 

Quisiera, también, resaltar la fiesta del solsticio y la conversación en torno a los libros de Syd y Birdie, además de la idea de que cada quién ha de buscar su felicidad sin importarle lo que opinen los demás: 

Carol lo supo desde el principio-dijo-. Desde que lo encontraron y lo llevaron a casa. Pero a Warren siempre le costó aceptarlo.

(...)

-Te diré una cosa, Birdie. Nadie puede decirnos a quién amar ni dónde buscar la felicidad. La gente siempre lo intenta, pero es gastar saliva inútilmente. Yo era más joven que tú cuando me despedí de mi familia y vine al norte para vivir junto a un río que encontré en un mapa. En un puto mapa. No tenía la más mínima idea de en qué me estaba metiendo. Sin trabajo, sin amigos, sin un lugar donde vivir, ni un solo plan. Mi viejo me dijo que era un insensato y un egoísta y que probablemente acabaría muerto. Pero en momentos así no escuchamos. Debemos seguir esa brújula más fuerte que llevamos dentro (...) Exploradores intrépidos ante la aventura y el amor

Por otro lado... ¿creéis que Birdie sospecha de la verdadera naturaleza de Arthur? ¿Pensáis que es viable la vida en la cabaña, en la montaña, con él? 

Contadme, contadnos. 

(Imagen tomada de este artículo)