2- Antología poética de Alfonsina Storni
2- Antología poética de Alfonsina Storni
AVISO NAVEGANTES:
(que va a ser una constante en mis entradas semanales).
Si yo estuviera en vuestro lado, creo que leería esta entrada tras la lectura de los versos, porque a mí personalmente no me gusta que me destripen la lectura y aunque yo intentaré no hacerlo, en la explicación que os doy de algunos poemas anticipo algunas cosas, en vuestras manos queda leer antes o después.
He encontrado un artículo en la página de Cultura de la Presidencia de La Nación Argentina
https://www.argentina.gob.ar/noticias/alfonsina-storni-poeta-modernista
en el que se recogen un par de anécdotas narradas por la propia Alfonsina que me han encantado.
Alfonsina Storni
En ese artículo se narra que Paulina Martignoni, y su padre, Alfonso Storni, emigraron de Suiza a Argentina donde se instalaron montando una fábrica de cerveza en la provincia de San Juan. Problemas del padre hace que la familia regrese a Suiza y en ese intervalo nace Alfonsina el 29 de mayo de 1892, en el cantón suizo de Capriasca y a regresó a Argentina a los cuatro años, más precisamente a la provincia de San Juan.
Ella misma escribió sobre su nacimiento.
Nací al lado de la piedra junto a la montaña, en una madrugada de primavera, cuando la tierra, después de su largo sueño, se corona nuevamente de flores. Las primeras prendas que al nacer me pusieron las hizo mi madre cantando baladas antiguas, mientras el pan casero expandía en la antigua casa su familiar perfume y mis hermanos jugaban alegremente. Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo.
También cuenta una anécdota que le sucede a los cuatro años, ya en Argentina:
Estoy en San Juan; tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causa en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta.
La fábrica no va bien, se mudan a Rosario, su madre abre una escuela y su padre un bar, ella deja los estudios para trabajar en el bar y cuenta:
A los doce años escribo mi primer verso. Es de noche; mis familiares ausentes. Hablo en él de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y lo dejo debajo del velador, para que mi madre lo lea antes de acostarse. El resultado es esencialmente doloroso; a la mañana siguiente, tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones frenéticos pretenden enseñarme que la vida es dulce. Desde entonces los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están llenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan.
Nunca abandonó su deseo de estudiar logró graduarse como maestra y ejercer la profesión. Fue docente en el Teatro Infantil Lavardén y en la Escuela Normal de Lenguas Vivas en Buenos Aires. En 1916, publicó su primer libro, La inquietud del rosal.
Comenzó a frecuentar algunos círculos literarios, como el grupo Anaconda, con Horacio Quiroga y Enrique Amorín, y a publicar poemas en las revistas Mundo rosarino y Monos y monadas. También colaboró en las publicaciones Caras y caretas, Nosotros, Atlántida, La nota y en el diario La Nación.
Incursionó en la dramaturgia y en el teatro para niños. En 1927, estrenó El amo del mundo, en el Teatro Nacional Cervantes, y en 1931, Dos farsas pirotécnicas.
Fue madre soltera en una época en la que eso era socialmente inaceptable.
En este lunes, 9 de febrero, comenzamos con la lectura de la pág. 55 hasta la página 98, poemas pertenecientes a «Irremediablemente» y a «Languidez».
·Irremediablemente
Este poemario pertenece a la primera etapa postmodernista de Storni, junto a La inquietud del rosal, El dulce daño donde ya se perfila con nitidez su voz propia. Ella misma afirmó que el libro fue «hijo de un momento de suma desazón» y que lo escribió en dos meses, enero y febrero de 1919, lo que explica su tono de urgencia emocional y de confesión. Lo definió como un libro en el que se muestra como «alma desnuda», subrayando el carácter autobiográfico y la exposición sin defensas de su subjetividad.
Este libro forma parte de uno de los períodos poéticos más desgarradores de la trayectoria de Alfonsina Storni: en él se conjugan el amor como dulce daño, la conciencia lúcida del dolor y una temprana formulación de su mirada crítica sobre lo femenino.
Silencio
En la estructura métrica de este poema podemos apreciar la métrica del modernismo argentino que se consolida a finales del s. XIX y principios del siglo XX, influido por el parnasianismo y el simbolismo francés, se trata de una revolución técnica que renueva la métrica española utilizando el alejandrino francés: versos alejandrinos (14 sílabas) divididos por dos hemistiquios (7+7)
Y que Alfonsina Storni junto a poetas como Rubén Darío y Leopoldo Lugones lanzan desde Buenos Aires.
Construye todo el poema con anáforas. Un día; La primavera; Una luz; Oh, silencio...
En este poema habla sobre la muerte como descanso anhelado, articulando una tensión entre el miedo al dolor vital y la calma que promete el final del camino, la visualiza como un largo sueño y reparador que pone término a la fatiga de vivir. Mezcla en él serenidad y tristeza, no se trata de una exaltación romántica del suicidio, sino una contemplación casi resignada, del final.
Soy esa flor
De nuevo el alejandrino francés, versos de 14 sílabas con dos hemistiquios.
En él construye una alegoría amorosa en la que la voz lírica se concibe como una flor muy pequeña que está a merced de un río, imagen del yo y el tú amado o la relación asimétrica entre un yo que ama y un tú que ni mira.
Y hay un algo doloroso de resignación ante el desamor del amado.
Peso ancestral
Poema que denuncia los estereotipos heredados que obligan a los hombres a reprimir el llanto y traslada a las mujeres la carga de ese dolor, convertido en un peso que atraviesa generaciones, un lastre histórico que no es natural sino construido y por tanto cuestionable.
Es interesante tomar conciencia de que este poema lo escribió en 1019, adelantaba una crítica contra el patriarcado y los roles adquiridos.
Verso blanco y cierta libertad métrica (copla de pie quebrado, ausencia de rima consonante rígida), que refuerzan la ruptura con formas tradicionales, acorde con las vanguardias.
Date a volar
Articula una tensión entre amor y libertad: la voz poética ama, pero elige no retener al ser amado y lo impulsa a experimentar el mundo, confiando en que, tras ese recorrido, acabará regresando.
El poema está compuesto en cuartetos de arte mayor con predominio de endecasílabos de cadencia clásica. Los versos presentan acentos regulares en 6.ª y 10.ª sílaba, con frecuentes apoyos en 2.ª o 4.ª, lo que aproxima el ritmo al endecasílabo heroico y a variantes melódicas propias de la lírica modernista e intimista rioplatense.
Subconciencia
Este poema evoca el acceso al subconsciente mediante la repetición anestésica «Has hablado, has hablado», que induce un sueño lúcido o semi-inconsciencia, similar al furor poeticus descrito por Storni en sus antisonetos
La poeta se identifica con «el espacio» y el «vacío», simbolizando una disolución del yo en lo etéreo, con «soplos sobrehumanos» que aluden a revelaciones místicas o surrealistas, rompiendo con la lógica racional.
Este poema refleja su evolución hacia temas trascendentales, conectados con la muerte, el sueño y la introspección, prefigurando su obra final y su visión agonista de la existencia.
El hombre sombrío
El poema presenta un retrato idealizado y mítico de «el hombre mío», un ser altivo, poderoso y peligroso: sus manos nobles («orígenes preclaros»), su boca ardiente y ojos gélidos evocan una masculinidad dominante que somete la naturaleza
Sin embargo, la voz femenina lo humaniza en el cierre: ama a muchas pero como todos es vulnerable a la muerte y a la «mano de amiga» transforma su acero en alas tiernas, revelando un contraste entre la fachada sombría y una sensibilidad escondida.
Moderna
Alfonsina escribió este poema como una crítica irónica a los convencionalismos sociales y la doble moral de género en la primera mitad del siglo XX. El texto refleja su reivindicación como mujer, usando un tono desafiante para reclamar la autenticidad del sexo femenino frente a las expectativas patriarcales.
Hombre pequeñito
El poema usa la metáfora de la jaula y el canario para representar el encierro emocional y social de la mujer en las relaciones patriarcales, con el «hombre pequeñito» como símbolo de la mentalidad estrecha y posesiva masculina.
El poema consta de tres estrofas de cuatro versos cada una, con rima consonante irregular (ABAb, ACDc, EBFc) aproximada en algunas interpretaciones, o predominantemente asonante en la práctica (ABAc, ABCb, DBEb.) Predominan versos dodecasílabos (12 sílabas, arte mayor) en los primeros tres de cada estrofa, contrastados con un heptasílabo o hexasílabo (6-7 sílabas, arte menor) final, creando un ritmo descendente que evoca la súplica y la ruptura.
El divino amor
Expresa la búsqueda desesperada de un amor salvador e idealizado, personificado como un «niño» divino que se niega a llegar. La voz poética se encuentra en un estado de sufrimiento físico y emocional, rogando por una transformación redentora.
Mujer
O un canto a la libertad de las mujeres.
¿Y tú?
Una voz poética femenina, consciente que no suplica ni se somete: pregunta, exige y confronta.
Odio
Más allá del odio literal, el poema puede leerse como: la rebelión contra los roles impuestos a la mujer; la defensa de la autenticidad frente a las máscaras sociales, la declaración de independencia emocional e intelectual. Alfonsina Storni convierte el «odio» en una forma de resistencia.
Utiliza la anáfora (la repetición del verbo «odio» intensifica el sentimiento y crea un ritmo insistente, las enumeraciones que sirven para acumular ejemplos de lo rechazado, dando sensación de hartazgo y un lenguaje directo y conciso sin adornos excesivos y la antítesis implícita: lo falso frente a lo auténtico, lo socialmente aceptado frente a lo íntimamente verdadero.
Piedra miserable
Una crítica al inmovilismo de las convenciones sociales y patriarcales.
El racimo inocente
El poema reflexiona sobre la pérdida de la inocencia femenina, no como culpa propia, sino como consecuencia de una mirada externa que ningunea, juzga, desea o condena.
Pudiera ser
Reflexiona sobre el rol liberador de la poesía frente a la represión histórica de las mujeres en su linaje familiar. El yo lírico postula que sus versos expresan deseos vedados transmitidos de generación en generación, logrando la liberación de manera inconsciente de la frustración materna.
· Languidez
Luego llegó la vanguardia y, con ella, su creatividad se transformó en un sello distintivo. En su libro Languidez (1920) comenzó a quebrar la métrica y a utilizar un registro más oral. Así, construyó una primera persona mucho más intimidante, intensa y reveladora.
La piedad del ciprés
El león
El poema retrata la existencia miserable de un león cautivo, simbolizando la opresión humana sobre la naturaleza salvaje, no deja de ser una alegoría de la condición femenina restringida en su época.
Termina diciendo:
Ah, yo del universo no me puedo escapar
Las tres etapas
Alfonsina explora la ilusión óptica y el desencanto ante la realidad, estructurándose en tres momentos claramente definidos: la ensoñación inicial, el choque con la realidad y la vuelta a la ilusión efímera.
Nos dice José Carlos Rodrigo Breto que:
«En la primera parte aparecen una serie de cuatro estrofas de rima consonante, tres cuartetos endecasílabos más un serventesio, con la particularidad de que el último verso es un verso de pie quebrado, al estilo de los de Jorge Manrique, con lo que se logra mayor emotividad con este recurso.
En la segunda parte aparecen intercalados cuarteto-serventesio-cuarteto-serventesio, siendo el último verso también de pie quebrado. En este momento la realidad ha tomado las riendas del poema.
En la tercera parte tenemos dos cuartetos y dos serventesios y persiste el último verso de pie quebrado. Este último verso de pie quebrado que se repite al final de cada parte es como un resumen del tema que ha tratado en cada tirada de versos, remarcados con los dos puntos que introducen de forma categórica el asunto tratado».
Ver más en:
https://laficciongramatical.blogspot.com/2011/07/antologia-mayor-alfonsina-storni.html
Gota
Explora temas de deseo, espera y sacrificio femenino con un tono melancólico y resignado.
La casa (sonata romántica)
Evoca un espacio nostálgico y sensual cargado de romanticismo modernista. El poema describe una casa idealizada como refugio de ternura y deseo, donde la voz lírica recuerda una noche de pasión compartida.
De amor libre, pero no sin miedos.
«Se decía muy quedo: mío y tuyo»
Endecasílabos y dodecasílabos
La estructura de esta sonata romántica (exposición, desarrollo romántico, clímax pasional) genera fluidez rítmica, con encabalgamientos que mimetizan el «giro» sensual y el río en movimiento, potenciando la languidez emocional. El título alude a esta forma musical, subrayando la progresión melódica del deseo.
La caricia perdida
En este poema plantea temas como la soledad, el deseo y amor efímero.
Una espina
El poema establece una analogía entre una espina de retama —planta espinosa y verde (mata esmeralda)— y la mirada del amado, que atrapa a la voz lírica en un vagar libre y plantea la obsesión amorosa.
Languidez
Poema que da título al poemario completo. El poema trabaja con un fuerte componente visual: colores (oro, rosa, azul-violeta), efectos de luz, velos, brillos, que remiten a la imaginería de Rubén Darío, pero puestos al servicio de un estado anímico de desgaste.
La repetición de motivos (camino, columna blanca, tules, espejismo) genera un ritmo obsesivo, como si el yo volviera una y otra vez sobre las mismas visiones sin lograr salir de ellas.
Aparecen figuras como la metáfora (el paisaje como «espejismo»), la personificación de los elementos naturales y el uso de contrates claros/oscuro, presencia/ausencia, que intensifican el carácter ilusorio de la escena.
Nos transmite una sensación de agotamiento del alma, como si la vida y el amor hubieran perdido intensidad.
Un día
Un día, un anhelo...
Carta lírica a otra mujer
Pues no sé muy bien qué pensar de este poema ¿y ustedes?
Han venido
Un delicioso poema sobre un momento hermoso y trivial a la vez como el paso de las golondrinas.
Rosales de suburbio
O la belleza en cualquier parte
Miedo
¿Y quién no lo ha sentido?
Logra capturar un instante de terror infantil ante una serpiente, explorando la protección materna y la fragilidad. A través de imágenes vívidas y un tono íntimo, Storni transforma el miedo en una experiencia sensorial compartida entre madre e hijo.
Esclava
Refleja la lucha interna de la voz lírica, atrapada en una devoción obsesiva hacia el amado, simbolizando la esclavitud afectiva de la mujer en relaciones desiguales.
El clamor
Se puede decir más alto, pero no más claro en una época en la que se les negaba a las mujeres amar libremente.
La que comprende
«–¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer!»
Muestra la angustia por la condición opresiva de la feminidad en una sociedad patriarcal.
Al hijo de un avaro
Explora temas de pobreza emocional, avaricia heredada y redención a través del amor maternal o compasivo.
La quimera
Muestra la ilusión infantil de perseguir lo inalcanzable, simbolizada en el sol, como metáfora de los sueños imposibles y la madurez resignada.
El ensayo
Presenta la vida como un ensayo imperfecto hacia la muerte, donde el corazón oscila entre la fatalidad («resonara a muerto») y la vitalidad inesperada («pájaros cantores en un huerto»), pero también una resistencia vital que se expresa en caídas y levantadas, evocando la lucha existencial de Storni frente al encierro patriarcal y el deseo de subjetividad femenina autónoma.
Ligadura humana
¿Sueño o esperanza?
Aborda la condición humana como una prisión inescapable de lazos emocionales y físicos, simbolizados en imágenes de cuerdas y nudos que atan el alma al cuerpo. La voz poética lamenta esta sujeción, contrastando la libertad ideal con la realidad opresiva de los vínculos humanos.
La miseria
La pesca
O una irónica verdad, de la muerte nadie se libra...
Charla
O el descontento...
Fríos
Presenta un paisaje invernal como metáfora de la esterilidad sentimental: el viento helado, la nieve y el silencio simbolizan un amor ausente o petrificado.
Buenos Aires
Buenos Aires, la ciudad del giro de siglo, con su herencia colonial y su inmersión en Europa.
Un cementerio que mira al mar
Escruta la tensión entre la quietud de la muerte y el dinamismo del mar como símbolo de liberación y resurrección. El poema personifica a los muertos en un cementerio costero, hastiados por su inmovilidad, anhelando la fuerza destructiva y redentora de las olas. Esta obra refleja el modernismo argentino y los temas recurrentes de Storni, como la muerte, el cuerpo y la conexión con la naturaleza
Seguiremos con sus versos el próximo 16 de febrero.
¡Feliz semana!
Paula Carbonell (Lyca)