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Madame Bovary, parte II, caps. 6-8

Libro que estamos comentando: 
Madame Bovary

Hola a todos y todas, una semana más nos vamos de paseo cogidos del brazo de Madame Bovary. Esta semana vamos a leer los capítulos seis, siete y ocho de la segunda parte, son menos capítulos pero es el mismo número de páginas que solemos leer habitualmente.
En el capítulo sexto veremos cómo nuestro romántico Léon, personaje que se sentía de alguna manera alma gemela de Emma, decide marcharse a París. Hemos hablado de Léon y de Emma, de ese enamoramiento platónico en entradas anteriores, pero creo que es posible que vuestra mirada sobre ellos cambie leyendo estos tres capítulos, de alguna manera esta historia que ambos estaban viviendo era apenas un juego, ¿o no lo era?, ¿qué pensáis vosotros?, ¿se trataba en verdad de un inevitable arrebato de amor romántico? Lo que va a hacer que vuestra mirada cambie será, desde mi punto de vista, la aparición de Rodolphe Boulanger de La Huchette, pero no adelantemos acontecimientos.
¿Por qué se marcha Léon a París?, ¿qué pensáis vosotras, vosotros, de ello? 
Emma Bovary se asomo a su ventana cuando Léon sube al carro que lo llevará a París, y cuando se pone en marcha Flaubert nos invita a fijarnos en lo que está viendo Emma, que no es el camino ni el carro alejándose, y que quizás en un reflejo de lo que ella siente: "Una ráfaga de viento hizo doblegarse a los álamos, y de pronto empezó a llover; las gotas crepitaban sobre las hojas verdes. Después reapareció el sol, cantaron las gallinas, los gorriones aleteaban en los matorrales húmedos y los charcos de agua sobre la arena arrastaban en su curso las flores rosa de una acacia. <<¡Ah!, ¡qué lejos debe estar ya!>>, pensó ella.". Es decir, esa lluvia pasajera y ese nuevo salir el sol quizás nos esté avisando de que la tristeza no durará mucho tiempo a pesar de que "¡se había ido el único encanto de su vida, la única esperanza posible de una felicidad! ¿Cómo no se había apoderado de aquella aventura cuando se le presentó? (...) Y se maldijo por no haber amado a Léon. (...) Entonces volvieron los malos días de Tostes. Se creía ahora mucho más desgraciada, pues tenía la experiencia del sufrimiento, con la certeza de que no acabaría nunca.". Todo esto ya se cita en el capítulo siete donde el narrador nos dice que "Desde entonces aquel recuerdo de Léon fue como centro de su hastío".
Esta sensación de que ha dejado escapar algo bueno ¿creéis que afectará en un futuro a Madame Bovary? No os apuréis que no vamos a tener que esperar mucho para saberlo, porque en el mismo capítulo siete conoceremos a Rodolphe. No quiero contaros mucho para no destriparos momentos bien interesantes que vais a poder disfrutar en estos días, pero sí os invito a comparar a Rodolphe con Léon y, especialmente, a que sigáis con atención los diálogos que Emma y Rodolphe comparten en el capítulo ocho, ¿no os da la sensación de que estáis viendo a una serpiente a punto de atrapar a un ratoncillo? Este capítulo es verdaderamente estupendo, en medio de una feria agrícola y ganadera, con bullicio de personas y bestias, con discursos y alegría, pisando excrementos de animales mientras pasean, nos encontramos a Emma y a Rodolphe del brazo: el contraste entre el jaleo del entorno y la conversación como en susurros de la pareja es fantástico y, sobre todo, el contraste entre lo que se escucha en los discurso y lo que va contando Rodolphe (pero qué listo es, ay) es, sencillamente, brutal.
Ardo en deseos de leer vuestros comentarios sobre Rodolphe y sobre cómo articula este capítulo Flaubert.
Ah, antes de despedirme, en estos capítulos vais a volver a recordar al Quijote por algo (muy evidente) que pasa con Emma Bovary, no os lo cuento para que lo descubráis.
Feliz semana de lecturas.
Pep Bruno