La madre naturaleza, y XXII-XXXVI
Hola a todas y todos, terminamos esta semana con la lectura de La madre naturaleza, espero que os haya gustado y hayáis disfrutado volver a leer a doña Emilia. Antes de empezar con las notas de estos días os recuerdo que la próxima semana empezaremos a leer Merlín y familia, de otro autor gallego maravilloso, Álvaro Cunqueiro. Así que si os apetece seguir en tierras de exuberante naturaleza y también descritas con una prosa exquisita, os animo a que os apuntéis; eso sí, poco drama habrá en estas próximas páginas, que es tiempo de leyendas, cuentos y magia.
Ahora sí, al lío. Para estos días os propongo la lectura del capítulo XXII al XXXVI, es decir, unas 100 páginas en mi edición (de la 213 a la 320), las últimas páginas del libro. Ains.
ESTA SEMANA
Como os podéis imaginar, tal como se quedaron las cosas la pasada semana, los acontecimientos se precipitan (y de qué manera) en las próximas páginas. Vamos a ver cómo puedo comentar algunas cosas sin destripar nada y que disfrutéis de lo lindo con la lectura; porque os aseguro que estos días os vais a quedar pegados, pegadas, al libro hasta la última página.
El contraste entre lo vivido por Manuela y Perucho bajo aquel árbol en la siesta y lo vivido por Gabriel en el mismo tiempo, a lo largo del mismo día, nos mantiene la garganta seca: nosotros sabemos, Gabriel no. Bueno, él sospecha. Son unas páginas magníficas en las que hay un extraño momento en el cementerio, ¿no os parece?, en ese errar desesperado.
Sigo (y me muerdo la lengua). Sin duda uno de los momentos álgidos de estas páginas es la conversación entre Perucho y Gabriel. Atended a lo que cuenta Perucho, a cómo lo cuenta, ¿no es para aplaudir? Y eso es lo peor, porque cuanto más fundamentado está todo más se va a notar que los cimientos son de barro. Esa escena es tan brava, ese momento es tan brutal. Ahí se precipitan los acontecimientos y, fijaos, a partir de ahí apenas volvemos a ver a Perucho y a Manuela, sólo sabemos de ellos a través de los otros: Gabriel, Juncal, el cura...
Continuamos con esta inquietud provocada por el papel que está jugando Manuela sin ser consciente de ello. Hasta que es consciente y toma una decisión. La resolución me parece muy interesante porque esa vía ha sido, durante siglos, la opción de la independencia para muchas mujeres, ¿qué os parece? (No puedo ser más explícito sin destripar trama, lo siento.) Pero por otro lado, ¿no es horrible?
¿Quién tiene la culpa de todo esto que está ocurriendo? Supongo que podríamos repartir culpas a unos y otros, pero vamos, quien menos es la persona (o al menos una de ellas) más afectada, la propia Manuela. ¿Es posible que haya una clara voluntad por parte de la autora de ponernos delante a Manuela y su vida en manos de otros (hombres), como si fuera una metáfora de la situación de las mujeres en ese tiempo?, ¿qué pensáis al respecto?
Y, por último, Gabriel: ¿os parece bien cómo cierra él la historia?, ¿os parece bien el compromiso que adquiere?, ¿qué pensáis de cómo ha evolucionado su mirada con respecto a Manuela y Perucho? Y, por cierto, qué diez días gloriosos en los Pazos estos que ha vivido Gabriel, ¿eh?
De verdad no puedo contar más sin destripar el libro.
Os leo en los comentarios y, de verdad, espero que hayáis disfrutado del libro.
¡Y no dejéis de apuntaros a Merlín y familia!
Pasad una buena semana de lectura,
Pep Bruno