La madre naturaleza, XII-XXI

Libro que estamos comentando
Doña Emilia Pardo Bazán fotografiada delante de su máquina de escribir.

Hola a todas y todos, avanzamos con buen paso por entre las páginas y la espesura de los Pazos. Os propongo que esta semana leamos unas 100 páginas en mi edición (de la 113 a la 212), es decir, los capítulos XII a XXI, ambos inclusive. Veréis que va a ser una lectura muy redondita y que no podréis esperar hasta la siguiente semana para continuar avanzando por esta senda montuna.

Al lío.

 

ESTA SEMANA

Nos metemos ya en el meollo de la trama y embriagados como estamos por parajes y personajes que conforman ese entorno protagonista, y, en este meollo, en el centro de todo, encontramos a Manuela. Conocemos las intenciones de su tío Gabriel y podemos intuir las pasiones de su amigo Perucho (amigo y hermano, glups), pero es Manuela quien está en el centro de todo lo que está sucediendo. Y mientras esto ocurre podemos ver, con horror y claridad, que ella está siendo completamente inocente de lo que ocurre a su alrededor. Al menos hasta la última página, hasta la última línea de esta semana. 

Pero vayamos por partes.

Vemos en los primeros capítulos a Gabriel, un hombre adulto, jugando sus cartas. Tiene un plan y sabe cómo llevarlo a cabo, y si no sólo tenéis que prestar atención en el momento en el que el padre de Manuela ve en esa boda una estupenda oportunidad (para quien él ya está favoreciendo). En cualquier caso fijaos cómo Manuela está siempre en esa posición de niña, de sobrina, y cómo espeluzna (al menos leído con ojos de hoy) todas las maniobras que Gabriel va haciendo. No podemos leer el libro como si no supiéramos que la intención última de este hombre es casarse con una muchacha (¿de catorce años?) que ha pasado toda su vida en el campo y que puede quedar fácilmente deslumbrada por la vida y las historias de este caballero.

¿Verdaderamente no habría otra manera de proteger a Manuela y cumplir así con la petición de Nucha? No sé, pregunto.

Y si Manuela no se entera de lo que está pasando, quien sí se entera (y perfectamente) es Perucho. Y en los últimos capítulos de esta semana veremos la reacción del joven y ese viaje lejos de lo civilizado, al corazón mismo de la naturaleza (casi en un vientre nutricio propiciado por un árbol en la más feraz soledad). Brutal ese viaje lleno de momentos hermosos (la miel) y embriagados, una vez más, por una naturaleza poderosa y salvaje.

También aquí nos encontramos con una Manuela niña junto a un joven (¡que le saca cinco o seis años!) que no es niño para nada. También aquí Manuela está en otro lugar distinto. ¿No os parece?

Nos encontramos aquí a la protagonista siendo el centro de todo pero fuera del campo de juego, no sé si me explico: dos adultos y una niña. No puede haber juego. No debe haber juego porque, sencillamente, ella no comprende aún las reglas ni entiende de qué va esta partida. ¿No os parece?

Al menos esto podría uno pensar... hasta la última línea de esta semana. ¿O no?

Os leo en los comentarios.

Pasad una feliz semana, 

Pep Bruno