Hasta el capítulo 12 de la Segunda parte, "La escuela de la desesperación"
Hola, amigas, amigos:
Continuamos leyendo la extraordinaria historia de tres mujeres de edades muy distintas: Léna, Preeti y Lalita. La madurez, la juventud y la niñez. Tres mujeres que provienen de lugares muy distintos y de realidades muy diferentes, pero que se asemejan entre sí: las une una pena íntima, un desgarro, una separación, un dolor que las parte por la mitad. Creo que son mujeres valientes, no sin miedos, ni inseguridades, pero sí valientes, que deciden pese a ellos seguir adelante y buscar el camino de la felicidad y la esperanza.
Lalita es dulce, tierna, una niña a la que le han arrebatado la voz, el nombre, la vida. Que con una caja de lápices de colores es capaz de transmitir su historia de separaciones, de pérdidas. Sus anhelos de regresar a su pueblo, con el padre que quedó atrás.
Preeti es una joven tenaz, voluntariosa y determinada. Inteligente, fuerte y capaz:
Léna pronto se da cuenta de que esa chica brusca y de carácter fuerte se parece mucho al té que prepara: áspera y ruda al principio, Preeti le ha demostrado, poco a poco, gracias a sus clases, que posee una gran sensibilidad, y sus múltiples cualidades no dejan de sorprenderla.
Léia es una mujer madura a la que una tarde de julio, esa desgracia que nombra una y otra vez pero que no explicita ni cuenta (cuando no hay palabras para expresar el dolor, es que aún la herida está en carne viva), la desgarró, le quitó todos sus sueños de futuro, le arrebató a su amor, Françoise. Ese amor tan bonito y sereno:
Su historia no era de las que inspiran las películas de Bollywood: no había giros inesperados, peripecias, espectaculares bailes en el techo de un tren, ni grandes declaraciones. Sólo ternura infinita y una profunda complicidad.
Su amor, que apoyaría su gran objetivo:
invertir en una escuela es una buena manera de rendir homenaje a François. Léna sabe que la habría apoyado en este empeño. Compartían la pasión por su profesión y tenían las mismas convicciones desde el día que se conocieron en la universidad.
Las tres tienen miedos, pero pese a ellos, siguen adelante.
En estos capítulos conocemos en detalle la historia de Preeti, cómo huyó de su familia y de un casamiento forzoso con su violador, los peligros que arrostró (la pobreza, la prostitución) la admiración que profesa hacia la fundadora de las brigadas rojas de mujeres de la India. “No cree en Dios, cree en Usha”, esta mujer le ha dado un motivo para vivir.
A Léia el impulso para levantarse cada mañana es la escuela, es Lalita, la niña que la salvó de morir ahogada en una playa y a la que ahora quiere con un instinto maternal que nunca antes había experimentado. También son las jóvenes de las brigadas rojas y del barrio de Preeti, que acuden a las clases en el taller cubierto de chapa, y lleno de trastos, con un baniano semiescondido entre neumáticos desechados. Pero, mientras, tuvo que volver a Nantes, a Francia, donde había estado su hogar. Y se convenció que no podía seguir allí, que todo le pesaba, que su vida había quedado vacía, sin sentido. Ella, que había dado un paso al lado yéndose a la India para perderse en un paisaje desconocido, sin recuerdos, va a hacer de ese país su nuevo hogar.
Los nubarrones que se aprecian en el horizonte, de momento, provienen de los tíos de Lalita, que ven cómo la niña no se despega de Léia y las clases vuelven a ser el centro de su vida.
Léia aún no sabe que actuando de ese modo les hace una afrenta por la que acabará pagando un precio muy alto.
Os dejo algunos enlaces:
- Charpoy, mueble auxiliar de cuatro patas, con un marco de madera sobre el que se tejen cintas o cuerdas
- Chai, receta del té
- Kamathipura, barrio en el que se concentra el mayor número de prostíbulos del mundo
- Prostitución en la India
- Chapati, receta
- Idlis
- Grutas de Varaha
¿Cómo estáis viviendo la historia de Léna, Preeti y Lalita?