El fantasma que alimento: hasta página 110
El fantasma que alimento, una novela gráfica excepcional de la talentosa Victoria Ying. En ella, Ying aborda con sensibilidad y precisión la cuestión de los trastornos de alimentación, un tema que, a pesar de su prevalencia, a menudo se malinterpreta o se ignora en nuestra sociedad. Con esta novela gráfica, La Cúpula nos brinda una vez más la oportunidad de reflexionar sobre temas relevantes, demostrando su compromiso no sólo con la calidad artística, sino también con la narrativa valiente y provocadora.
Esta es la historia de una chica que solo quería ser perfecta. Porque solo las jóvenes perfectas merecen el amor del resto, ¿no es así?
Un cómic que destaca por su precioso dibujo y un enfoque magnífico
El arte en "El Fantasma que Alimento" de Victoria Ying es dulce, pastel y cargado de una feminidad que suaviza su terrible trasfondo. Ying, con su sutil genialidad, opta por un estilo de dibujo sencillo y limpio, utilizando líneas finas, pero intencionadamente imperfectas. Sus elecciones de colores, predominantemente pasteles en tonos de azul, salmón y morado no solo acentúan la emocionalidad de la historia, sino que también hacen que la novela gráfica sea muy agradable y entre por los ojos con rapidez.
Ying se centra en lo esencial, dejando de lado los detalles superfluos que podrían distraer de la narrativa central. Su atención se dirige principalmente hacia las expresiones faciales y corporales de los personajes, capturando de manera efectiva esa superficial alegría y el statu quo de cordialidad feliz que Valery tiene que mantener a lo largo de su vida. En ese sentido, son especialmente ilustrativos tanto en el guion como en el dibujo los silencios de la madre, la cual, vigilante, en muchas ocasiones aparece con un gesto de censura en cualquier momento en el que alguien le sirve comida a su hija.
Esta elección, junto con la eliminación de fondos y escenarios demasiado elaborados, agiliza considerablemente la lectura, permitiendo a los lectores moverse suavemente a través de las páginas sin sentirse abrumados y quizás transmitiendo que detrás de alguien aparentemente feliz y perfecta pueden esconderse unas dinámicas tóxicas para ella y para los demás.
Así, a pesar de su simplicidad, el arte de Ying está cargado de emoción y significado. Las expresiones de los personajes transmiten una profundidad de sentimientos que no necesitan palabras para ser comprendidas. Porque, ¿acaso no es fácil verse reflejada en las preocupaciones de una joven que nunca se siente suficiente?
Toxicidad maternal: ¿de dónde vienen los trastornos alimenticios?
El fantasma que alimento aporta una mirada valiente y honesta a una realidad incómoda que muchas veces se pasa por alto: cómo las madres, a pesar de sus mejores intenciones, pueden ser las causantes inadvertidas de los trastornos alimentarios de sus hijos. En el caso de Valery, su madre, que es la figura principal de autoridad y organización en su familia, proyecta continuamente sus propias inseguridades y expectativas en su hija. Como ya comenté antes, esta influencia tóxica, apoyada continuamente en comentarios despectivos sobre el peso de su amiga Jordan y los silencios tensos con los que la madre observa a su hija cuando debe comer delante de familiares, generan en Valery una presión constante que a menudo es contradictoria. Si su madre no desea que coma, ¿por qué prepara tanta comida y dedica tanto tiempo en cocinar?
Al mismo tiempo, podemos ver cómo los tóxicos estándares de belleza asiáticos que se apoyan y asfixian a las mujeres (ya que, como vemos, la madre de Valery no tiene ningún problema con ver a su marido o a su hijo ponerse las botas), se ven perpetuados por la desquiciante necesidad de la madre por conseguir que su hija sea perfecta.
Esta presión, sumada con la constante exposición a ideales de belleza irreales en las redes sociales e Instagram, lleva a Valery a un peligroso camino de autodesprecio y desórdenes alimentarios que alimenta una voz interior que correlaciona inmediatamente la capacidad de ser amada con el hecho de estar suficientemente delgada.
Lo peor de toda la situación de Valery, es que esta debe llevarla en silencio y ocultarla a todo el mundo. No porque sepa que lo que hace está mal, sino porque, de alguna manera, ha interiorizado la idea de que si la gente sabe que debe vomitar después de comer cada día, entonces todos comprenderán que hace “trampa” para encajar en el instituto, con su grupo de amigas o, dios no lo quiera, con su madre.
Victoria Ying realiza un interesante ejercicio cuando enfrenta a Valery contra sus convicciones más profundas. Si estar gorda impide que te amen, ¿por qué preferiría su crush a su amiga Jordan, que tiene sobrepeso? Y sobre todo, ¿es posible que estar delgada y todo el sacrificio que conlleva no te proteja de la posibilidad de vivir una auténtica tragedia?
Una vida que merece la pena vivir
No todo es triste en El fantasma que alimento, ya que este esconde un poderoso mensaje que transmite cuando contrasta entre la filosofía del padre de Valery, que vive su vida con plenitud, sin restricciones ni arrepentimientos frente a la de su hija Valery, la cual lleva una vida altamente restringida y disciplinada, impuesta tanto por las demandas familiares como por las presiones de la sociedad.
Al mismo tiempo, encontraremos pequeños detalles que aportan gran profundidad a la narrativa. Un ejemplo de esto es el uso del término cantonés gwai. En su traducción literal, "gwai" significa "obediente" o "buena", pero también tiene una segunda acepción que significa "fantasma". Esto proporciona un potente simbolismo a la lucha interna de Valery, que se debate entre ser una "buena" y obediente hija, y el "fantasma" que es su trastorno alimentario y que da título a la obra.
Ya en nuestra primera publicación hablamos y vimos que en El Fantasma que alimento de Victoria Ying, los personajes se definen por sus conflictos internos y las presiones sociales que enfrentan, lo cual refuerza la carga emocional y la autenticidad de la narrativa. A continuación, se describen los principales:
Valerie Chu: Es el personaje central y la voz de la historia. Valerie es una adolescente tranquila y estudiosa, que en apariencia cumple con el ideal de perfección, pero en secreto lucha contra un trastorno alimenticio. Su conflicto interno se refleja en sus hábitos de atracones y purgas, así como en su lucha por encontrar un equilibrio entre las expectativas externas y su bienestar personal. La evolución de Valerie es el eje sobre el cual se centra la novela, mostrando su avance desde la negación y el aislamiento hacia la búsqueda de ayuda y autoaceptación.
Jordan: la mejor amiga de Valerie representa el contraste con la realidad oculta de la protagonista. Aunque inicial y aparentemente desconectada de la verdadera lucha de Valerie, su presencia simboliza una red de apoyo y la posibilidad de una conexión más sincera. Jordan es un reflejo de cómo, en ocasiones, quienes nos rodean no logran ver nuestras batallas internas sin que nosotros se lo permitamos, lo que añade profundidad al proceso de introspección de Valerie.
La Madre de Valerie: La figura materna se presenta como alguien cuyas expectativas y proyecciones tóxicas contribuyen significativamente al deterioro emocional de la protagonista. La presión por cumplir con un ideal de perfección y las expectativas excesivas de la madre reflejan los conflictos familiares y la influencia del entorno en la autopercepción y el bienestar de Valerie. Esta tensión entre lo impuesto por la madre y lo que la protagonista anhela experimentar es un motor importante en la trama, abriendo la discusión sobre el impacto de las relaciones familiares en la salud mental.
Y para finalizar: El problema central de la novela gráfica se agudiza si lo combinamos con la edad que tiene, pues en la juventud afianzamos nuestros lazos sociales y nos relacionamos con mucha intensidad tanto con amigas como con parejas o posibles parejas. Jordan, su mejor amiga, no es consciente de su problema… hasta que todo estalla. Le va a afectar a todos los niveles y todavía se acrecentará más cuando una tragedia se ceba con la familia.
El cómic nos mete en la mente de Val y nos hace partícipes de sus pensamientos. Miramos a los problemas como ella los mira y tragamos con las desgracias a través de ella. Por eso la historia es tan intensa, llegando momentos en los que nos consigue emocionar de verdad. Acompañamos a Val por este calvario vital, por su viaje de caída… pero también la veremos rehacerse, levantarse y luchar.
¿De dónde nace ese terrible desprecio por una misma y ese perfeccionismo extremo que a menudo acompaña a las personas con un trastorno alimenticio? ¿Qué papel tiene el cuidado y exacerbado amor de las madres en una enfermedad capaz de robarle el placer de vivir a sus hijas?
Esta semana leeremos hasta la página 110
La tragedia golpea inesperadamente, alterando el curso de la vida de Valerie. La repentina muerte de un familiar conmociona su mundo. Este evento obliga a Val a reevaluar sus prioridades y decisiones. Mientras lidia con el duelo, se da cuenta de cuán profundamente su trastorno alimentario ha afectado su vida y sus relaciones. El camino hacia la sanación se entrelaza con su necesidad de enfrentar las proyecciones y expectativas tóxicas de su madre. La amistad de Val con Jordan también sufre mientras lidia con la traición y la gordofobia.
Feliz semana de lecturas
Saludos
Alejandro