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Gilgamesh, tablillas V, VI y VII

Libro que estamos comentando: 
La epopeya de Gilgamesh

Hola a todas y todos, continuamos una semana más con la lectura de la epopeya de Gilgamesh. 
La pasada semana dejamos a Enkidu y Gilgamesh en el Bosque de los Cedros a punto de entrar en combate con Humbaba (como quien dice, quedaban las espadas en alto, recurso que utilizaría Cervantes en los primeros capítulos del Quijote, si recordáis).
 
Tablilla V
Humbaba trata de defenderse y casi logra que Gilgamesh se retire pero Enkidu le alienta: "¿Por qué, amigo mío, hemos de hablar con la cabeza gacha, con la mano en la boca, ocultándonos? Ahora no hay más que una salida (...) Si quieres hacer una carnicería y asestar tremendos golpes, ¡no abandones estos lugares, no te vayas! (...) ¡golpea aún más fuerte!". Y más adelante: "La nube clara se volvió sombra. Como en medio de la niebla llovía la muerte sobre ellos". Las imágenes son brutales, ¿no os parece?
En el momento en el que Humbaba se ve perdido (y perdido ve su bosque) intenta conmover a Gilgamesh, pero Enkidu sigue insistiendo para que no flaquee y le dé la puntilla final. Personalmente me parece un pasaje de gran dramatismo y que marca una diferencia con respecto a, por ejemplo, la mitología griega (¿recordáis la lectura de la Odisea?). Me explico: pienso que toda esta tablilla (a pesar de ser tan fragmentaria) resulta brutal. Tres colosos luchando pero tres colosos que, en el fondo, son muy humanos, mucho, porque temen a la muerte. No parece haber aquí ninguna grandilocuencia relacionada con el honor de morir peleando.
Una vez vencido Humbaba unos cuantos cedros son abatidos (bueno, parece claro que la madera de cedro era un bien muy preciado) y uno de ellos, el más grande, es elegido por Enkidu para hacer la puerta del templo de Enil en Nippur. Acaso de esta manera ambos héroes quieren hacerse perdonar por parte de los dioses tras haber matado a Humbaba, el guardián del Bosque de los Cedros.
Uno está tentado de pensar que esta tablilla es también una metáfora de cómo el ser humano acaba venciendo todas las dificultades para someter (y esquilmar) a la naturaleza. Pero claro, esto ya es pensar por pensar.
¿Qué os ha parecido a vosotras y vosotros esta lectura?
 
Tablilla VI
Ya en Uruk, Gilgamesh se engalana y la diosa Isthar se enamora de él y le propone que sea su esposo, trata de engatusarle con todo lo bueno que eso sería para él (y de nuevo nos topamos con una serie de imágenes verdaderamente exuberantes). Gilgamesh le contesta, sin embargo, diciéndole todo lo malo que eso sería para él y recordándole cómo fue de malo para otros amantes que Isthar tuvo (dioses, hombres y animales. En verdad una retahíla fabulosa de oprobios).
Isthar pide a Anu, su padre, que para vengar tal ignominia cree el Toro Celeste y que éste venza a Gilgamesh y Enkidu. Anu le avisa que dicho toro causará estragos y hambruna en la Tierra y que serán muchos quienes morirán, por eso previene a Isthar para que guarde grano y evite al menos el hambre. 
Una vez ha logrado el Toro Gigante, Isthar va con él a Uruk y allí, en su centro, lo suelta: "Al primer bufido del Toro, se abrió una grieta, ¡y doscientos, trescientos habitantes de Uruk se precipitaron en ella!". Tal era el toro y su poder.
Pero entre Enkidu y Gilgamesh consiguen matar al toro. La descripción de cómo sucede todo es, de nuevo, brutal. Y mientras Isthar, subida en la muralla, se lamenta de la muerte del Toro, Enkidu, colérico, coge una pata del Toro y se la lanza a la cara. Esta afrenta a una diosa le va a costar la vida.
El final de la Tablilla (que está casi completa) es de celebración y fiesta, sin embargo, esa misma noche, Enkidu tendrá un sueño.
 
Tablilla VII
Una vez más la importancia de los sueños en el Gilgamesh (¿cuántos sueños premonitorios o importantes hemos podido leer en estas tablillas?). En esta ocasión Enkidu tiene un sueño que le anticipa que va a morir, y aunque Gilgamesh trata de animarlo parece que ambos lo tienen claro. 
Enkidu suplica a Shamash "Me prensento ante ti, Shamash, porque el destino me es hostil.", se lamenta de haber dejado la pradera donde vivía feliz con las bestias (el paraíso, que decía Leira West en su comentario al post anterior), de haber conocido al cazador y a la cortesana, se lamenta de haber llevado aquel cedro a los dioses (que para nada ha servido).
Ahora, si el primer sueño es un anticipo, el segundo sueño, ese que tiene Enkidu cuando está más enfermo es, en verdad, la misma muerte que le acecha: "El cielo gritaba y la tierra le hacía eco mientras yo estaba de pie entre ambos. Había allí un joven, solo, de rasgos sombríos, con una máscara semejante a la de Anzú, con las manos como patas de león, con uñas como garras de águila; tras cogerme por los cablelos me sujetaba fuertemente. Si yo quería golpearlo, él brincaba como el que salta a la cuerda; pero cuando él me golpeaba a mí me arrojaba por tierra como [ ] y me pisoteaba como un aurochs. Me apretaba el cuerpo entero. Por más que gritaba "sávame, amigo mío", tú no me socorrías. Tenías miedo. (...) Me transformó en paloma y mis brazos, como los de un pájaro, estaban recubiertos de plumas. Me cogió y me condujo a la oscura Morada, la Residencia de Irkalla, la Morada de donde no salen jamás quienes en ella han entrado."
Esa morada que habitan esos "que subsisten a base de tierra, se alimentan de arcilla". Hasta ahora nunca había pensado que los muertos son esos que se alimentan de tierra. Es, sencillamente, impresionante. ¿No os lo parece?
Y ese sueño fue el principio del final de Enkidu, desde ese día el amigo de Gilgamesh fue empeorando hasta que murió (no sin antes preguntarle: ¿no éramos tú y yo inseparables?).
Creo que es una tablilla en verdad maravillosa, ¿no os parece?
 
Feliz semana de lecturas