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Quijote II, capítulos 17 a 21

Libro que estamos comentando: 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha

Hola a todos y todas, aquí llegan, una semana más, las recomendaciones de lectura para los próximos días. En estos capítulos nos vamos a encontrar con algunas de las historias más conocidas de esta segunda parte. Vayamos al lío.

 

El capítulo XVII es muy conocido y en él sucede una de las más grandes y felices aventuras que nuestro protagonista vive, la de los leones (o de los requesones, según se mire). El capítulo hace referencia a capítulos semejantes en otros muchos libros de caballería (el caballero que vence a una bestia salvaje o, como en este caso, el caballero que amansa a las fieras), pero seguro que os habrá recordado a un capítulo muy conocido del Cantar del Mío Cid en el que el Cid amansa a un león (que con sólo ver a don Rodrigo Díaz de Vivar se achanta y pasa de fiero león a casi gatito). Para romper con la seriedad de lo que va a suceder el capítulo comienza con un momento delicioso (ese sudor/suero escurriendo por la cara de don Quijote es un pasaje, ay, glorioso), pero fijaos en la respuesta de don Quijote en cuanto al misterio del copioso sudor/suero: don Quijote no se da por satisfecho con la explicación que le da Sancho y no ceja hasta que averigua la verdad (¿recordáis que esto haya pasado antes o en la primera parte?). He aquí una muestra más del escepticismo de este Quijote que pasea los caminos de la segunda parte, un escepticismo ante un mundo que es el que parece loco y en el que don Quijote parece cuerdo. Pero no me enrollo más, leed, leed este capítulo, disfrutadlo, reíd con este que no es loco sino atrevido (como dice Sancho) y no olvidéis guardar la frase maravillosa y repetirla de vez en cuando como un lema ante la adversidad: "¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?".

 

En el capítulo XVIII nos vamos a descansar a casa de don Diego Miranda (el del Verde Gabán) y conoceremos a su hijo el poeta, así tendremos una buena oportunidad para comprobar en qué alta estima tenía Cervantes a los poetas (él siempre quiso ser recordado como uno de ellos), aunque, como dice don Quijote, para ser recordado no hay más que dejar la senda de la poesía y tomar la de la andante caballería (que no es otra cosa que, como quien dice, lo que le vino a pasar al propio Cervantes). Mirad a don Quijote a través de los ojos del poeta, uno está tentado de pensar que así lo veían los contemporáneos de Cervantes, aunque sospecho que en aquellos tiempos tenían bien claro que era un loco y que, por lo tanto, de su boca salían verdades sin malicia (y quizás por esa razón su mirada servía de espejo para la sociedad en la que los primeros lectores de este libro vivían).

 

En los capítulos XIX al XXI nos vamos a encontrar con las bodas del rico Camacho, de la hermosa Quiteria y del pobre Basilio. No os voy a avanzar nada de estos capítulos, leedlos y disfrutadlos, especialmente disfrutadlos como los disfruta Sancho (no creo que se vaya de otros capítulos con más pesar que de estos), pero sí os voy a invitar a que penséis en una cosa (más allá de la verosimilitud de la historia, de cómo se resuelve, de la crítica ante el dinero o del poder del amor), me gustaría, si os apetece, que busquéis algunos puntos similares (o diferentes, claro) con los capítulos de la pastora Marcela en la primera parte (¿os acordáis de la maravillosa pastora Marcela?). Si queréis, claro, si no bien basta con que saboreéis esta sabrosa historia.

Feliz semana de lecturas.

Pep Bruno

 

 

 

 

 

Crédito de las imágenes. La aventura de los leones, grabado de 1705, de una edición inglesa (tomado de aquí). En la casa de Diego Miranda (imagen tomada de aquí, no conozco la autoría). Las bodas de Camacho, cuadro de Manuel García en el Prado (imagen tomada de aquí).