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Quijote II, capítulo 54 a 61

Libro que estamos comentando: 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha

Hola a todos y todas, aquí llegan las recomendaciones de lectura de esta semana. Pido disculpas por la demora pero es que el Maratón de los Cuentos de Guadalajara de este final de semana me ha tenido completamente abducido. Pero, como diría Sancho Panza, más vale tarde que nunca. Vayamos al lío.

El capítulo LIV es muy curioso, en él podemos encontrarnos con Ricote, morisco y vecino de Sancho, que fue expulsado (la expulsión de los moriscos se llevó a cabo en España entre 1609 y 1613) y que volvía a su pueblo, bajo el ropaje de peregrino, para recuperar parte de sus posesiones guardadas. A pesar de cómo está escrito (justificando dicha expulsión incluso por parte del propio Ricote) da una idea de lo terrible que debió ser dicha orden y también da la medida de lo actual que es este libro que estamos leyendo. Leed bien el capítulo y decidme si encontráis a Ricote como un personaje tan verdadero como lo son Sancho, don Quijote o cualquier otro con los que nos hemos ido topando. De cualquier forma no es la última vez que la historia de Ricote vendrá a estas páginas (o al menos la de su familia), es bien interesante ver cómo Cervantes va urdiendo tramas más complejas pero, al mismo tiempo, bien hiladas al camino central de la historia.

 

El capítulo LV es el que por fin reunirá a don Quijote y Sancho tras tantas páginas viviendo aventuras cada uno por su cuenta. Os propongo una lectura metafórica (si se me permite): la idea de viaje a los infiernos y vuelta a la luz (que bien podríamos pensar que no ha sido otra cosa este paso por el gobierno de Barataria). Tiene además alguna cita memorable: "Desta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores, como sale este pecador del profundo del abismo: muerto de hambre, descolorido, y sin blanca". Insisto una vez más en la actualidad de este libro.

 

Los capítulos LVI y LVII son el punto y final del tiempo compartido con los duques. Don Quijote resolverá el mal hecho a la hija de la dueña en un no cruento combate y en el que podremos ver cómo la mirada de don Quijote ha acabado por prevalecer y hacer que todo alrededor se ajuste (a su deseo): así, una justa habrá de hacerse y un caballero habrá de batirse por resolver un entuerto (real). Y este caballero (que en otra vida fue lacayo, Tósilo) verá a la dama afrentada y pensará otra forma para resarcirla del mal recibido. 

El duque quería una última burla y será él quien salga burlado: si dejamos a don Quijote unos días más toda la servidumbre y palacio del duque acabarían metidos de lleno en la locura de los libros de caballería, de verdad metidos.

Una vez más nos preguntaremos quién está aquí más loco y quién más cuerdo.

 

El capítulo LVIII es aquel en el que por fin don Quijote y Sancho están de nuevo juntos y de nuevo cabalgan por los caminos en busca e aventuras. Y no pocas van a llegarles, pero antes merece la pena que traigamos aquí la cita que da inicio a este pasaje: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.", maravillosa, ¿no os parece? Una vez más nos encontramos con el tema de la libertad (que no deja de aparecer en toda la obra y en momentos aflora con gran fuerza y protagonismo (¿os acordáis de los galeotes?). Este capítulo tiene charlas de mucha enjundia (el amor, la hermosura, la libertad) entre don Quijote y Sancho, y además ocurren algunas aventuras como la de las tallas, la de la arcadia pastoril y la más tremenda de todas, la de los toros, guinda de tierra para un capítulo con muchos vuelos. Maravilloso.

 

El capítulo LIX es bien interesante: para empezar don Quijote ve una venta donde hay una venta, pero sobre todo resulta muy interesante porque es en este capítulo donde don Quijote se entera de la aparición del Quijote apócrifo, el de Avellaneda, que trata mal a Cervantes y a sus personajes. La aparición de este libro hace que el propio Quijote determine no ir a Zaragoza para que no le confundan con el falso Quijote y marchar hasta Barcelona. Aquí podremos vislumbrar lo que piensa Cervantes de este libro (aunque habló algo más largo en el prólogo de esta segunda parte), es un capítulo bien curioso e interesante. Ah, y además de lo dicho no dejéis de disfrutar con la conversación entre el ventero y Sancho (y la (des)provista despensa).

 

Los capítulos LX y LXI son los de la llegada a Cataluña y la entrada en Barcelona. Fijaos como en apenas unas páginas don Quijote y Sancho se hacen unos cientos de kilómetros y nos perdemos su sabrosa charla; está claro que el final que tenía previsto lo lleva Cervantes a Barcelona y para no alargar más el libro no se entretiene demasiado en el viaje (ni en charletas ni aventuras). Ocurre además que estos inesperados derroteros (que Cervantes toma por alejarse del Quijote apócrifo) le hacen escribir, fijaos, de forma distinta: escribe sobre personajes reales como Roque Ginart y su tropa de bandoleros; pero también en estos capítulos mueren dos personajes en el transcurso de la acción (¿no es la primera vez que esto pasa?).

Una vez llegan a Barcelona don Quijote y Sancho (bien podría ser Barcelona, bien otra ciudad) les ocurren aventuras más similares a las vividas (como los espinos en los rabos de las monturas). Aunque esto no va a ser todo el tiempo así (como veremos más adelante, y no quiero contar más).

 

 

Como veis las lecturas de esta semana van a ser bien interesantes.

Feliz semana de lectura

Pep Bruno