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Cien años de soledad: 1, 2 y 3

Libro que estamos comentando: 
Cien años de soledad

Hola a todas y todos, comenzamos con una nueva lectura (la última antes del descanso de verano) en el Club de Lectura Alonso Quijano, pero antes de meternos en harina, unas cuantas recomendaciones prácticas: 

  • En primer lugar una cuestión de ritmo. Esta semana os propongo la lectura de tres capítulos (algo menos de 50 páginas en mi edición). Mi intención es leer el libro a lo largo de este mes de julio, así que iré avanzando en tramos similares de lectura, si hay algún inconveniente es el momento de decirlo.
  • Los comentarios. Al igual que en los clubes de lectura presenciales estos clubes de lectura virtuales se nutren de vuestros comentarios. Sentíos libres para comentar lo que os apetezca: lo que os haya sugerido el texto, algún detalle, alguna reflexión, algo al hilo de lo leído, dudas, curiosidades, lo que os ha provocado, otras lecturas que os recuerde... en fin, lo que queráis. Los comentarios no están moderados, pero sólo podemos hacerlos (y leerlos) los participantes del club de lectura.
  • Ah, una última cosa, os rogaría que incluyerais una imagen en vuestra cuenta (una foto de perfil), no hace falta que seáis vosotros, vosotras, pero es que si no todos los lectores salen con la misma imagen por defecto y resulta bastante feo (y confuso).

Dicho todo esto, vayamos al lío.
 
EL LIBRO
Este libro es bien conocido, si no lo habéis leído al menos habréis oído hablar de él y de su autor. Es el máximo exponente de esa corriente literaria denominada realismo mágico tan directamente relacionada con el bum de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX.
Se podría decir que esta es una novela río, una novela que se va armando con la llegada de los distintos afluentes (hilos narrativos y personajes que se van incorporando y añadiendo a la historia), o una novela mar, o quizá una novela en verdad océano. Pero me gusta pensar más en Cien años de soledad como una novela selva, sí, un libro  exuberante como selva tropical, exuberante y, al mismo tiempo, (aparentemente) sencilla. Porque igual que la selva amazónica está formada por la suma de plantas y animales (que son organismos más o menos sencillos, unidades comprensibles) y sus relaciones, igual se articula esta novela: en apenas unas líneas, unos párrafos, puede ocurrir que conozcamos un personaje y su historia (con apenas unos trazos magistrales ya podemos bien ahondar en el personaje, es impresionante). Y la suma de todos ellos y sus relaciones es el bosque rico, complejo, fantástico, que esta novela es. Sin lugar a dudas un libro en el que uno querría perderse.
A esto hemos de añadir que no sólo es la estructura lo que arma este bosque maravilloso, sino también la riqueza de su flora y su fauna (si se me permite seguir con el símil del bosque y el libro) y la sensación que provoca al que allí está: una sensación de irrealidad, de estar en un lugar que resulta a un mismo tiempo cercano y extraño. Cercano porque se puede comprender y sentir como reconocible: tiene casas, mesas, calles, habitantes...; pero también extraño por las cosas insólitas y maravillosas que viven quienes allí habitan.
Y también cercano y extraño por la mirada absolutamente deslumbrante que despliega quien nos está contando esta historia.
 
EMPEZAMOS
Capítulo 1
El inicio del libro es, sencillamente, magistral. Nos encontramos con Aureliano Buendía frente a un pelotón de fusilamiento y, en ese trance, mirando a los ojos a la muerte, recuerda el día en el que siendo niño fue con su padre a ver por primera vez el hielo. Desde esa primera frase, de manera natural, la historia retrocede al Macondo primero, apenas una aldea de veinte casa, y allí conocemos a José Arcadio Buendía y a Úrsula Iguarán, padres del coronel Aureliano (quien hace apenas unas líneas estaba frente al pelotón de fusilamiento y cuya vida está pronta a terminar), y, como sin querer, empezamos a tener noticia de personajes, historias, lugares. Conocemos entonces a Melquiades y los gitanos (y sus maravillas como el hielo, los imanes, la alquimia, etc.), y la historia fundacional de Macondo, y las vidas y anhelos de los Buendia... 
Este primer capítulo está dedicado a Úrsula y José Arcadio, a esa relación que tienen (muy interesante cómo logra Úrsula, por ejemplo, que José Arcadio no cambie la ubicación de Macondo; no hay nada como conocerse), a ese lugar (Macondo es en verdad uno de los grandes personajes del libro más allá de ser el territorio donde todo ocurre), a esos personajes (Úrsula tan con los pies en el suelo, José Arcadio tan con la cabeza en las nubes).
Pero volvamos al principio: 8 o 9 páginas después del inicio Gabriel García Márquez nos vuelve a poner delante del pelotón de fusilamiento y después nos vuelve a llevar al día en el que conoció el hielo (de hecho así acaba el capítulo, en el instante en el que el pequeño Aureliano lo conoció). Salta magistralmente el autor del presente en la novela al pasado, vuelve al presente y luego vuelve al pasado... sin problema, con completa naturalidad y de una manera totalmente verosímil. Fantástico.
 
Capítulo 2
Es absolutamente embriagador el texto: uno viaja sin descanso (comienza el capítulo en la casa de la bisabuela de Úrsula, madre del coronel frente al pelotón de fusilamiento) y de ahí vuelve al pasado del coronel (antes incluso de que este naciera) y habla de sus padres (y cómo se conocieron, y sus miedos antes de engendrar descencencia) y entramos de lleno en el mundo del libro, tan real y, al mismo tiempo, tan fantástico (con personas con rabo de cerdo, o padres que engendran iguanas, o muertos que se aparecen).
En este capítulo sabremos del porqué de la fundación de Macondo (y por qué no había gallos de pelea allí). Viajamos con Úrsula y José Arcadio y conocemos a sus hijos. Pero fijaos que en apenas unas páginas llegamos a la historia de amor del hijo mayor: José Arcadio (hijo) que acaba acostándose con Pilar Ternera (es el puro deseo que lo lleva a meterse en la casa de Pilar Ternera donde está toda su familia: la imagen del muchacho sorteando cuerpos dormidos en la penumbra es, sencillamente, desopilante), y todo casi por culpa de Úrsula, la madre, que habla del miembro descomunal que su hijo parece tener (pensando que acaso eso sea una maldición).
La huída de José Arcadio (hijo) con los gitanos (por culpa del deseo, por culpa del miedo, o por otras culpas que ya veréis) pone en marcha también a otros personajes (que no es que estén parados, pero que la madre no puede quedarse quieta mientras su hijo se marcha) y eso va a ser determinante para Macondo. Y no cuento más.
 
Capítulo 3
La familia sigue creciendo José Arcadio Buendía tienen a Amaranta, su hija, pero también acogen a su nieto (hijo de Pilar Ternera y de José Arcadio -hijo) y a Rebeca. Fijaos cómo es cada uno de los personajes. Por ejemplo Rebeca, con once años, que llega allí y lleva en un saquito los huesos de sus padres (ay, por favor, que el saquito de huesos estuvo molestando durante mucho tiempo porque no sabían dónde dejarlo), que come tierra y cal  y que traía la peste del insomnio. Esta es Rebeca (cuyo nombre, por cierto, se lo puso José Arcadio tras leerle todo el santoral...), ¿no creéis que sólo con la vida y particulares de Rebeca se podría escribir directamente un libro entero? Pues esto ocurre continuamente en este libro, tiene una riqueza abrumadora de personajes, historias, situaciones... Ocurre además que esta magia que colma lo real lo carga de simbolismo: alguien que carga con los huesos de sus padres y come tierra (como, de alguna manera, simbolizar la necesidad que tiene de tener a sus padres, que son tierra ya).
 
En fin, no quiero abrumaros hoy, os dejo que os adentréis en el libro y comentéis lo que os vaya pareciendo. Os espero con mucho interés en los comentarios.
Feliz semana de lectura
Pep Bruno